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Archive for the ‘texturas’ Category

Las palabras importan. A veces hieren. Hay momentos en que también asesinan.

La Biblia hablar sobre el poder de las palabras con mucho cuidado. Sabe que pueden dar vida o quitarla.

Con un claro paralelismo, el salmo 140 arroja su luz sobre el poder destructivo del calumniador, deseando su ausencia de la comunidad con la misma vehemencia que si negara la larga vida al que ejerce la violencia por medios más convencionales:

Que el hombre de mala lengua no permanezca en la tierra;

que al hombre violento lo persiga el mal implacablemente (Salmo 140:11 LBLA).

Debido a que la opinión humana es inconstante y vulnerable a las mentiras elocuentes, la calumnia debe ser considerada como un hábito peligroso. Donde la libertad de expresión ha disfrutado de su libertinaje indiscutible y totalitario, nos resulta difícil imaginar que una comunidad vea la violencia “meramente” verbal de la calumnia como un asunto letal. Nos engañamos a nosotros mismos.

Las palabras importan. Ellas forman la conciencia, a la sociedad, y la práctica. Ennoblecen la ciudad y enfurecen a las turbas divinas.

Las armas y los brazos fuertes que se han vuelto perversos escupen sangre. Las palabras también lo hacen.

Por esto, esta oración de antiengaño: No dejes que el calumniador se establezca en la tierra.

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Palidecemos ante la lucidez del sufrimiento.

Si no hemos experimentado un ataque directo a nuestras vidas, nuestros modos de vida, nuestra familia o nuestra fe, los afilados cuchillos verbales de aquellos que se lamentan parecen incivilizados, inseguros e incómodos. Cuando leemos, evitamos dicho lenguaje, ya sea que nuestro público sean nuestros hijos, nuestra congregación o nosotros mismos.

A decir verdad, la lucidez de los atacados no es una cualidad que funcione bien en todos los contextos. Entendemos que la realidad y los corazones humanos son muy complejos y matizados para encajar en la bifurcación de nuestra raza de buenos y malos. ¿No fue una voz suprimida como la de Alexander Solzhenitsyn, la que nos enseñó dónde está la línea entre el bien y el mal?: no entre los pueblos o incluso entre los individuos, sino a través del corazón de cada ser humano.

Sin embargo, no debemos silenciar la voz de los mártires o los gritos de los vulnerables ante un final doloroso e injusto. Incluso si el interés personal es el motivo más elevado que tenemos, debemos recordar esto: Algún día yo podría necesitar estas palabras.

Porque no hay sinceridad en lo que dicen;

destrucción son sus entrañas,

sepulcro abierto es su garganta;

con su lengua hablan lisonjas[l].

Tenlos por culpables, oh Dios;

¡que caigan por sus mismas intrigas!

Échalos fuera por la multitud de sus transgresiones,

porque se rebelan contra ti. (Salmo 5:9–10 LBLA)

El poeta ha sabido lo suficiente sobre el sufrimiento, para poner una oración penetrante en los labios de aquellos que perdieron todo recurso excepto al propio YHWH.

El quinto salmo, como tantos otros, aclama la ruina como destino de aquellos que atacan la vida de su autor. Mientras dure su lúcido momento, el orador sabe que sus perseguidores se rebelan contra Dios mismo. Él sabe que suerte debe—¡por favor, Dios, hazlo!—caer sobre las cabezas de esos asesinos, cuyos dedos están manchados con la sangre de mi vida.

Al mismo tiempo, los fieles pierden su debilidad, su fragilidad hogareña, sus labios vulnerables tan capaces de hipocresía, sus corazones errantes, la semilla del mal que germina en sus almas y sin la providencia de YHWH y una larga acumulación de decisiones pequeñas y justas debe ubicarlos rápidamente al otro lado de la vida. De esta oración:

Pero alégrense todos los que en ti se refugian;

para siempre canten con júbilo,

porque tú los proteges;

regocíjense en ti los que aman tu nombre.

Porque tú, oh Señor, bendices al justo,

como con un escudo lo rodeas de tu favor. (Salmo 5:11–12 LBLA)

La definición de esta población afortunada es la definición del autor mismo. Como él, se refugian en ti.

 En la desesperación, ellos son familia. La lucidez del sufrimiento no solo perfila con una nitidez poco común la silueta de nuestro enemigo. También etiqueta a este “hermano”, a aquella “hermana”, a este “niño” y a esta anciana “abuelita”.

El salmista desea para sus parientes no solo aquella protección que es obviamente necesaria. Él quiere más.

Él anhela la risa. Una risa profunda, alegre, exultante, que mece el vientre.

En la lucidez de la injusta aflicción, uno ora sin tanta palabrería: Haz que aquellos enemigos míos vaguen solos como muertos vivientes. Pero a estos, hazlos reír, incluso en lágrimas, hasta que no puedan recordar por qué.

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Los salmos bíblicos son intensamente realistas, particularmente aquellos que nacen desde la cuna del conflicto.

Ninguna evasiva piadosa, ni ninguna negación sentimental muestra su rostro en este género de la antología bíblica. Uno acusa al enemigo con una precisión tenue, sin evitarlo. De hecho, en un momento en el salterio cuando la aventura apenas arranca, el tercer salmo comienza con tal declaración:

 

¡Oh Señor, cómo se han multiplicado mis adversarios!

Muchos se levantan contra mí. (Salmo 3:1 LBLA)

El valor duradero de tales salmos radica en el hecho de que durante siglos los lectores han llegado a estas extrañas declaraciones de angustia y alabanza por muchas y variadas circunstancias. Nosotros contamos a nuestros propios adversarios y luego encontramos en los salmos bíblicos un apoyo similar con aquellos que han hecho las mismas sumas.

Si esto describe adecuadamente la atracción de estos salmos, la fuerza de ellos es un derivado de la confianza en YHVH ganada con esfuerzo y paciencia, confianza que emerge del horno de la aflicción. Ningún optimismo psicológico explica estos poemas, ningún derecho a la vida, al amor o la búsqueda de la felicidad, ninguna expectativa clara de que las cosas salgan bien al final. En cambio, una confianza refinada, apasionada y sin restricción en la presencia activa y fortalecedora de YHVH da sabor a cada capa del tejido literario.

¡Oh Señor, cómo se han multiplicado mis adversarios!

Tal es la declaración de la realidad de la vida.

Mas tú, oh Señor, eres escudo en derredor mío,

mi gloria, y el que levanta mi cabeza.

Aquí reposa el contrapeso de todo lo que devora, aquí el poder de los salmos leídos por voces que tiemblan, lloran y a aveces enmudecen ante el muro de traumas adquiridas y descritas sin piedad.

Aquí la declaración que resucita a los muertos y deroga los decretos de ese Seol invasivo. Aquí la vida que conoce que la muerte será vencida algún día. Quizás aun hoy.

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La fuerte palabra רמיה (remiyyah) abraza un mundo de decepción en dos pequeñas sílabas y media. A menudo se traduce como ‘engaño’ o ‘negligencia’. No es un término usado por quien realiza la acción a la cual se refiere. Este prefiere descripciones de sus obras que son más apacibles. El está siempre interesado en sí mismo y muy a menudo se encuentra serruchándole el piso a quienes alguna vez confiaron en él y que merecían algo mejor.

Es la congregación de los decepcionados y victimizamos que regresa, en textos como este, e impulsa al descriptor remiyyah en la dirección de aquellos que les fallaron cuando el error llevó a consecuencias muy dolorosas para soportar. Engaño. Negligencia. El aire flota pesado con su aroma abominable. El olor a muerte yace a solo pocos pasos. Remiyyah.

El salmo 78 se lee como un documento antinacionalista. Su teodicea gira en torno a la respuesta de los padres israelitas ante el cuidado constante de YHWH. Ellos se volvieron, leemos en el texto. Ellos fueron infieles. No se dieron cuenta. No les importó. Ellos tentaron a YHWH con su terca ingratitud.

Dos versículos cerca del centro del poema lo afirman de esta manera:

Pero ellos pusieron a prueba a Dios:
se rebelaron contra el Altísimo
y desobedecieron sus estatutos.
Fueron desleales y traidores, como sus padres;
¡tan falsos como un arco defectuoso!
(Salmo 78: 56-57 NVI)

La nítida traducción castiza de la última cláusula podría traducirse desde una perspectiva más rústica: como un arco de engaño. Cuando el arquero está listo para tomar su presa o detener el ataque del enemigo sobre el respaldo de su amigo, el arco le falla. Tira su flecha en vano, exasperantemente hacia el bosque. Una familia pasa hambre o un compañero muere. Así, en términos narrativos, es remiyyah.

La mano de los diligentes gobernará,
pero la indolencia será sujeta a trabajos forzados. (Proverbios 12: 24 LBLA)

El maestro de los proverbios mira desde un ángulo más conductista para detectar el orden correcto de las cosas, como es su costumbre. El diligente encuentra su recompensa en la autoridad que es dada a su responsable desempeño. Sin embargo, este moralista bíblico, también ha conocido el aguijón del engaño, la fruta podrida de la negligencia, ya que cambia el término remiyyah con una familiaridad muy ágil sobre el condenado hombre perezoso de Israel. De hecho, [el] remiyyah representa al hombre mismo. Literalmente, la máxima nos dice que:

La mano de los diligentes gobernará,
pero [el] remiyyah será sujeto a trabajos forzados. (Proverbios 12: 24 LBLA)

El mundo sería un mejor lugar si uno pudiera detener su nariz contra la aspereza del remiyyah. El paisaje se cerniría con una belleza más resplandeciente en la mirada del romántico si tan solo el aerógrafo pudiera sacar la ofensa borrosa del remiyyah de la imagen. Aún así, ninguno sería fiel al hecho.

Remiyyah decepciona, desilusiona, irrumpe, y hace pasar hambruna. Finalmente, destruye al que lo practica.

Tanto como un arco traicionero.

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El salmista bíblico posee la sorprendente habilidad de contraponer el gozo de la justos a la desolación del malvado sin incitar una masacre. Involucrar el alma de Israel en su autodefinición ideológica la libera de la necesidad de llevar a cabo la venganza a aquellos que aman el mal o, en algunos casos, a aquellos quienes odian a Sion. YHVH se preocupará por la venganza, los salmos parecen afirmarlo. Nuestro deber es mantener la justicia.

Y regocijarse en YHVH. (more…)

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Para el espíritu humano, pocas cosas implican fuerza, estabilidad y firmeza como un árbol. Empleamos sus anillos de crecimiento para establecer el tiempo de eventos que pasaron mucho antes de que naciéramos. Asumimos su presencia aún después de que hayamos marchado. Un árbol mide el pasar de los tiempos que vienen y que van a partir de su sombra, lo que hace que parezcan más pequeños y efímeros. (more…)

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La plétora de nombres en Isaías 7.1-9, requiere una lectura completa si queremos darle sentido.

Y aconteció que en los días de Acaz, hijo de Jotam, hijo de Uzías, rey de Judá, subió Rezín, rey de Aram, con Peka, hijo de Remalías, rey de Israel, a Jerusalén para combatir contra ella, pero no pudieron tomarla. Y se dio aviso a la casa de David, diciendo: Los arameos han acampado en Efraín. Y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo como se estremecen los árboles del bosque ante el viento.

Entonces el Señor dijo a Isaías: Sal ahora al encuentro de Acaz, tú, y tu hijo Sear-jasub, al extremo del acueducto del estanque superior, en la calzada del campo del Batanero], y dile: ‘Estate alerta, y ten calma; no temas ni desmaye tu corazón ante estos dos cabos de tizones humeantes, a causa de la ira encendida de Rezín de Aram y del hijo de Remalías. Porque Aram ha tramado mal contra ti, junto con Efraín y el hijo de Remalías, diciendo: “Subamos contra Judá y aterroricémosla, hagamos una brecha en sus murallas y pongamos por rey en medio de ella al hijo de Tabeel.”  Por tanto, así dice el Señor Dios: ‘No prevalecerá ni se cumplirá. Porque la cabeza de Aram es Damasco, y la cabeza de Damasco es Rezín (y dentro de otros sesenta y cinco años Efraín será destrozado, dejando de ser pueblo),  y la cabeza de Efraín es Samaria, y la cabeza de Samaria es el hijo de Remalías. Si no creéis, de cierto no permaneceréis.’ (Isaías 7:1-9).

El terror manifiesto de Ahaz y sus vulnerables judaítas es capturado en la imagen de los corazones que se sacuden ‘como los árboles de un bosque que tiembla ante el viento’. El lector atento puede percibir en la alusión del profeta a un viento (רוח) las más sutiles indicaciones de que otro ‘viento’  (רוח en Isaías y en otros lugares se refiere a menudo al espíritu de YHWH) también sopla a través de Judá en un momento que sólo puede ser experimentado como un crisis existencial. Es esta brisa que es capaz de efectuar la promesa del profeta de calmarse y negarse a entrar en pánico. Este mismo movimiento del aire detrás de la atrevida declaración de YHWH de que la maquinación de los enemigos de Judá ‘no permanecerá y no será’ (7).

Si tal juego de palabras mediante el vocablo רוח era intencional o no, vale la pena escuchar atentamente la definición reductora que YHWH emplea, respecto a los enemigos conspiradores de Judah. El detalle es una evidencia más introducida en apoyo de la insistencia de este libro de que las cosas rara vez son lo que parecen ser.

Efraín y Siria son capaces de destruir a Judá con su esquema multifacético para aterrorizar, conquistar y establecer un rey títere en Jerusalén y Judá. ¿Por qué otra cosa los corazones judaítas sacudirían como hojas antes de la doble amenaza de la conspiración de estos dos países vecinos?

Sin embargo, desde el ángulo divino de la visión —donde las cosas son como los serafines majestusosos saben que son, pero nuestro ojos rara vez las perciben—, Efraín y Siria son simplemente ‘estos dos cabos tizones ardientes’.

YHWH sabe, el profeta insistiría, los límites de nuestros enemigos como nosotros mismos no podemos. La insistencia saturada de la crisis del libro de que ‘Dios está con nosotros’  (Emmanuel) se da a conocer aquí a través de una gramática diferente: No se quedará, y no será.

Estos cabos tizones humeantes, sabe YHWH, pronto se enfriarán, su llama e incluso su humo, serán una memoria brumosa, inofensiva y patética.

Mientras tanto, Judá, o un remanente de ella nombrada conforme al nombre del hijo que acompaña al profeta, se volverá y volverá. Vivirá en la presencia de YHWH y por su fuerza.

La invocación del profeta a un pueblo aterrorizado para ‘tener cuidado, estar tranquilo, no temer’ no es evasión de la terrible realidad, sino más bien penetración en lo que es profundamente, verdaderamente, invisiblemente real.

 

 

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