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Archive for the ‘texturas’ Category

Al profeta Isaías no se le puede atribuir la franquicia del uso de la terminología ‘buscar  de  Dios, pero para él, es natural el uso de estas expresiones. Es un dialecto que este profeta habla como su lengua materna.

La cuestión tan facilmente se degrada en clichés piadosos y  sin sentido, por lo  que debemos apresurarnos a una inspección. Curiosamente, un oráculo contra Egipto puede ser el mejor lugar para comenzar.

Los egipcios quedarán desanimados y consultarán a los ídolos: a los espíritus de los muertos, a las pitonisas y a los agoreros, ¡pero yo frustraré sus planes! (Isaías 19:3 NVI)

De costumbre, las traducciónes al español utilizan el verbo consultar o buscar para representar la palabra hebrea דרש. Estas son traducciones adecuadas porque capturan la realidad que el sujeto está en la necesidad de alguna información o conocimiento que él espera adquirir de parte de  alguna fuente religiosa externa. Consultar y buscar funcionan bien hasta aquí.

Sin embargo, el discurso de Isaías implica un acercamiento asertivo, un impulso, incluso una necesidad desesperada que carece  tal traducción del  inglés. Curiosamente el verbo buscar, que en algunos círculos religiosos recae de manera perversa en lo esotérico, lo contemplativo y lo pasivo, parece mejor expresar la idea. Buscar  comienza a connotar que algo oculto es muy deseado y que se requiere energía de parte de los que lo necesitan si de hecho se ponen las manos sobre él.

Si este breve bosquejo de la traducción de בקש al español, ¿qué podemos decir del uso de este vocablo que Isaías realiza?

Antes de llegar a la clase de búsqueda que el profeta recomienda, debemos mirar las formas irónicas en que la búsqueda de la revelación es en realidad un ejercicio inútil. El discurso isaiánico refleja en la búsqueda de fuentes espirituales distintas a Yahweh confusión, incluso una estupidez moral, que es contradictoria de la verdadera sabiduría. En Isaías 19.3, que es representativa de este diagnóstico, consultar o buscar los ídolos, las sombras y los fantasmas y los espíritus familiares es algo que sucede debido a que los egipcios han llegado a ser drenados en espíritu y porque el Señor ha avergonzado sus planes. El sabio, el estable, el confiable no hacen este tipo de cosas. Las personas confundidas, como los egipcios condenados, por ejemplo, buscan la revelación religiosa de fuentes poco fiables.

Esto no es una sátira única. El libro de Isaías sostiene su crítica de este tipo particular de vida desorientada. Por desgracia, no son sólo los egipcios ignorantes los que caen presa de tal locura estúpida (véase, importantemente, Isaías 1.3). Israel/Judá encuentra también sufren el brillo de la luz del profeta, iluminando su comportamiento:

 Tal vez alguien les diga: «Preguntemos a los médiums y a los que consultan los espíritus de los muertos; con sus susurros y balbuceos nos dirán qué debemos hacer». Pero ¿acaso no deberá el pueblo pedirle a Dios que lo guíe? ¿Deberían los vivos buscar orientación de los muertos? (Isaías 8:19 N.V.I.; los verbos italicados representan  דרש, explicitamente o implicitamente).

Pues después de tanto castigo, el pueblo seguirá sin arrepentirse; no buscará al Señor de los Ejércitos Celestiales (Isaías 9:13 N.V.I.)

¡Qué aflicción les espera a los que buscan ayuda en Egipto, al confiar en sus caballos, en sus carros de guerra y en sus conductores;  al depender de la fuerza de ejércitos humanos en lugar de buscar ayuda en el Señor, el Santo de Israel! (Isaías 31: 1 N.V.I.).

Buscar en el lugar equivocado representa el fracaso despreciable de no enfrentarse con la realidad. El rehuso de buscar a YHWH probablemente viene a la misma cosa; es decir, en Isaías probablemente no denota abstenerse de cualquier buscar, sino más bien buscar de otras fuentes que no son la fuente verdadera y confiable (YHWH).

Si esta discusión bastante larga sobre la negación de buscar bien sirve como una introducción adecuada al uso de Isaías del dialecto de buscar, pasemos a lo que este profete entiende por buscar bien. Como era de esperar, la respuesta es a la vez matizada y variada. Estamos, después de todo, leyendo e libro de Isaías, donde las cosas son sólo ocasionalmente complicadas, y casi siempre complejas.

En primer lugar, descubrimos que la búsqueda de la justicia se presenta ante nosotros como casi un sinónimo de la búsqueda de YHWH.

Cuando levanten las manos para orar, no miraré; aunque hagan muchas oraciones, no escucharé, porque tienen las manos cubiertas con la sangre de víctimas inocentes. ¡Lávense y queden limpios! Quiten sus pecados de mi vista. Abandonen sus caminos malvados. Aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia y ayuden a los oprimidos. Defiendan la causa de los huérfanos  y luchen por los derechos de las viudas (Isaías 1:15-17 N.V.I.).

Dios establecerá como rey a uno de los descendientes de David. Él reinará con misericordia y verdad; hará “buscará justicia” (traducción libre) siempre lo que es justo  y estará deseoso de hacer lo correcto (Isaías 16:5 N.V.I.).

De hecho, parece que se reconoce explícitamente que uno puede fingir buscar a YHWH, pasando por los movimientos religiosos sin preocuparse por la pasión y preocupación de YHWH por la justicia. No debemos pasar por alto que Isaías 58.2 juega sarcásticamente sobre dos actividades religiosas venerables: buscar a YHWH y deleitarse en sus caminos. Estas actividades son imprescindibles cuando ocurren en el contexto de vidas alineadas con los propósitos más amplios de YHWH. Pero son una abominación cuando están por su cuenta como una religiosidad superficial que ha perdido su norte.

Con todo me buscan día tras día y se deleitan en conocer mis caminos, como nación que hubiera hecho justicia, y no hubiera abandonado la ley de su Dios. Me piden juicios justos, se deleitan en la cercanía de Dios. (Isaías 58:2 LBLA).

Asombrosamente, Isaías no relega la acción de buscar correctamente a los márgenes esotéricos de la fe, sino que lo mantiene en el centro de las convicciones definitorias de la vida. Se puede argumentar que Isaías sostuvo que buscar justicia (משפט) es casi lo mismo que buscar a YHWH. El buscar de uno puede comenzar en el barrio o en la corte donde los privilegiados se alinean contra los indefensos pobres o en el templo en las oraciones de la mañana, pero todos estos para Isaías son cortes de la misma tela. La reducción de cualquiera de ellas a una simple actuación religiosa hace que YHWH se encuentre disgustado, cansado y enfermo.

Finalmente, cuando encontramos nuestro camino entre los textos isianicos que representan la búsqueda apropiada, encontramos que esta búsqueda puede ser mediada. Descubrimos también que la gracia divina parece alcanzar y finalmente superar la actividad humana de buscar a YHWH.

Con respecto a la mediación, el ‘libro de YHWH’ aparece de una manera que sugiere que la búsqueda es, por lo menos, multifacética. Aparentemente, uno puede encontrar en la práctica de leer o de escuchar, el camino hacia la revelación de YHWH.

Buscad en el libro del Señor, y leed: Ninguno de ellos faltará, ninguno carecerá de su compañera. Porque su boca lo ha mandado, y su Espíritu los ha reunido (Isaías 34:16).

Y entonces, tal vez como era de esperar de parte del lector que acumula una cierta intimidad con este libro, nos encontramos con que Israel/Judá y quizás aún aquellas naciones gentiles que responden no sólo buscan, sino que sean buscados por YHWH.

Acontecerá en aquel día que las naciones acudirán a la raíz de Isaí, que estará puesta como señal para los pueblos, y será gloriosa su morada (Isaías 11:10 N.V.I.).

Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca (Isaías 55:6).

Y  los llamarán: Pueblo Santo, redimidos del Señor. Y a ti te llamarán: Buscada, ciudad no abandonada (Isaías 62:12 N.V.I.).

Me dejé buscar por los que no preguntaban por mí; me dejé hallar por los que no me buscaban.  Dije: “Heme aquí, heme aquí”, a una nación que no invocaba mi nombre (Isaías 65:1 N.V.I.).

Sarón será pastizal para ovejas, y el valle de Acor para lugar de descanso de vacas, para mi pueblo que me busca (Isaías 65:10 N.V.I.).

Parece entonces que buscar a YHWH, para este profeta, significa atendeer y empujar después de los propósitos de una manera que excluye la revelación alternativa y abraza el cuidado de YHWH para el bienestar de la comunidad, especialmente para aquellos que resultan margenados por el ejercicio de la influencia y el poder. Es una actividad que se asocia fácilmente con las crisis de comunidad, aunque probablemente no exclusivamente. En el esfuerzo, uno descubre paradójicamente que buscar a YHWH es también descubrir que YHWH mismo ‘busca’ de una manera que relativiza los esfuerzos de Judá y nuestros esfuerzos por descubrir y vivir en su propósito.

 

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Un apodo puede ejercer más impacto en la vida de la persona que es llamada de esta nueva forma que, por medio de la utilización del nombre de pila.

Tu nombre puede ser Rafael, pero si los compañeros de cancha te llaman Chino, este último dice más acerca de su persona que su nombre de pila.

Si has sido etiquetado despectivamente por algún hecho vergonzoso, de seguro utilizarán algún mote que hará recordar lo que eres o hiciste. Eso es como llevar colgada una letra escarlata que anuncia la penosa llegada. Afortunadamente, no todos los nombres dados por la vida son miserables. Algunos son gloriosos.

Pero ahora, Jacob, mi siervo, Israel, a quien he escogido, ¡escucha! Así dice el Señor, el que te hizo, el que te formó en el seno materno y te brinda su ayuda: ‘No temas, Jacob, mi siervo, Jesurún, a quien he escogido, que regaré con agua la tierra sedienta, y con arroyos el suelo seco; derramaré mi Espíritu sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus vástagos, y brotarán como hierba en un prado, como sauces junto a arroyos. Uno dirá: “Pertenezco al Señor”; otro llevará el nombre de Jacob, y otro escribirá en su mano: “Yo soy del Señor”, y tomará para sí el nombre de Israel.’ (Isaías 44:1-5 N.V.I.).

Este oráculo del ‘siervo’ lleva consigo continuidades que recurren desde el momento que por primera vez se habló de semejante ‘siervo del Señor’. En este capítulo, el sediento sendero por el desierto a Sion se vuelve regado y frondoso. El Espíritu de YHWH, que una canción del siervo anteriormente hizo descansar sobre el siervo, ahora está derramado sobre los descendientes del siervo.

Hay aún más desarrollo de la figura del siervo. El siervo es claramente identificado aquí como Jacob, como Israel el eligido y como Jeshurun amado (una identificación que se repite en el versículo 21). La identidad sigue siendo enigmática, pero ahora tenemos al menos esta ancla.

Es la extensión de la promesa restauradora a las generaciones venideras que provoca del profeta su poesía más brillante. Hablando de la descendencia que viene, brotarán entre la hierba como sauces por corrientes fluidas.

Y luego, este segundo nombramiento, este sondeo de la identidad más profunda, esta provisión de un agarre verbal para lo más nuevo, lo más espléndido, lo menos imaginable en el anochecer del cautiverio:

Uno dirá: ‘Pertenezco al Señor’; otro llevará el nombre de Jacob, y otro escribirá en su mano: ‘Yo soy del Señor’, y tomará para sí el nombre de Israel.

No es la última vez que el libro de Isaías y aquella promesa neotestamentaria que deriva su energía de ella hablará de un segundo nombre. Es simplemente el primer susurro de un renacimiento asombroso que sigue a raíz de la hazaña de la bondad tan poco imaginable de YHWH.

¿Cómo te llamas?

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El número cuatro de los cuatro ‘cantos del siervo’ es el más oscuro de todos.

 Así dice el Señor: «A la madre de ustedes, yo la repudié; ¿dónde está el acta de        divorcio? ¿A cuál de mis acreedores los he vendido? Por causa de sus iniquidades, fueron ustedes vendidos; por las transgresiones de ustedes fue despedida su madre. ¿Por qué no había nadie cuando vine? ¿Por qué nadie respondió cuando llamé? ¿Tan corta es mi mano que no puede rescatar? ¿Me falta acaso fuerza para liberarlos? Yo seco el mar con una simple reprensión, y convierto los ríos en desierto; por falta de agua sus peces se pudren y se mueren de sed. A los cielos los revisto de tinieblas  y los cubro de ceniza».

El Señor omnipotente me ha concedido tener una lengua instruida, para sostener con mi palabra al fatigado. Todas las mañanas me despierta, y también me despierta el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor omnipotente me ha abierto los oídos, y no he sido rebelde ni me he vuelto atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que me arrancaban la barba; ante las burlas y los escupitajos no escondí mi rostro.

Por cuanto el Señor omnipotente me ayuda, no seré humillado. Por eso endurecí mi rostro como el pedernal, y sé que no seré avergonzado. Cercano está el que me justifica; ¿quién entonces contenderá conmigo? ¡Comparezcamos juntos! ¿Quién es mi acusador? ¡Que se me enfrente!

¡El Señor omnipotente es quien me ayuda! ¿Quién me condenará? Todos ellos se gastarán; como a la ropa, la polilla se los comerá.

¿Quién entre ustedes teme al Señor y obedece la voz de su siervo? Aunque camine en la      oscuridad,  y sin un rayo de luz, que confíe en el nombre del Señor y dependa de su Dios.

Pero ustedes que encienden fuegos  y preparan antorchas encendidas, caminen a la luz de su propio fuego  y de las antorchas que han encendido. Esto es lo que ustedes recibirán de mi mano: en medio de tormentos quedarán tendidos (N.V.I.).

Podemos destacar dos aspectos  importantes—o  conectores—los cuales evidencian cómo esta ‘canción’ toma su lugar como un elemente que se dirige al dilema de Israel/Judá.

En primer lugar, el texto continúa su fascinación reiterada con ‘el fatigado’, aunque el referente al que se añade esta descripción, bien puede variar. Aquí  el siervo declara que YHWH le ha provisionado de una capacidad de hablar, para poder ‘sostener con mi palabra al fatigado’.

Esto añade ambas luz y sombras a la cuestione de identidad, ya que evidentemente son los cautivos judaítas que han de ser liberados del agotamiento o, mejor dicho, restaurado y renovados  para que no sea la fatiga que les establezca su identidad. Aquí, el mismo siervo, recién identificado como Jacob/Israel, parece estar fuera de la experiencia de este remanente; el siervo le habla vida y vigor. En esta canción, el texto admite que el agotamiento toca la vida de la gente. Sin embargo, la palabra del siervo sostiene al desfallecido para que él o ellos no sucumban.

Segundo, existe una conexión adicional con la experiencia de Judá/Israel, en la misma dimensión que una fotografía corresponde con su negativo. Por ejemplo, el famoso encargo del profeta en el capítulo seis, contempla tanto el ensordecedor judicial como el cegamiento punitivo del pueblo. Habiendo elegido no tomar conocimiento y entendimiento, ahora se entregan a la extremidad de su lógica elegida. El profeta está encargado de llevar a cabo ese juicio.

Aquí, sin embargo, el siervo declara que ‘mañana por la mañana (YHWH) despierta, despierta mi oído para que oiga como los que son enseñados ‘. ¡El contraste es casi sorprendente!  YHWH fue el agente causante de la pérdida de auditiva del pueblo. Aquí, por contraste, YHWH capacita a su siervo, para que escuche y aprenda.

Detalles adicionales de la auto-definición del siervo continúan esta relación divergente con el pueblo, tal como los hemos conocido en los pasajes condenatorios que se multiplican en la primera parte del libro. La siguiente afirmación merece especial atención:

No he sido rebelde  (מרה); ni me volví atrás (אחור לא נסוגתי).

El verbo hebreo utilizado de la negativa del siervo para rebelarse contra la dura comisión de YHWH (מרה), abunda en descripciones acerca de la rebeldía del pueblo. El siervo rechaza ser como ellos. El contraste yuxtapuesto no puede ser accidental.

Del mismo modo, las dos palabras claves en la declaración del siervo ni he vuelto (סוג) atrás  (אחור)’ convierte  en un sub-dialecto virtual de la rebelión a lo largo de la extensa aventura literaria de este libro. ‘Las personas pecadoras’, los idólatras, y— significativamente—la justicia misma, se vuelven atrás.

No así el siervo. El libro afirma que, muy a diferente de Israel/Judá, esta figura ni se rebela ni retrocede, pese al áspero camino que establece YHWH para él.

Al mismo tiempo, él habla una palabra refrescante y alentadora a los fatigados  entre el pueblo.

Veremos  evidencia de la proximidad íntima del siervo con el propio YHWH, como un aspecto de su ser y su llamado. Pero ya en las  ‘canciónes del siervo ‘, observamos—en el otro horizonte de su existencia—que él llega a ser y declara vida a un remanente cansado que está destinado a experimentar cosas mejores.

No obstante, tan cerca como esta identificación con la gente o algún subconjunto de esa gente, el siervo se niega a ser obstaculizado pese a la obstinada necedad que separa a Israel/Judá del Creador quien se convertiría en el Redentor de esa nación.

Una claridad progresiva y un enigma abundante, continúan fluyendo simultáneamente a través de la descripción que el libro aporta de esta figura desconcertante.

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Cuando pasamos por encima del umbral en  Isaías 42, nos encontramos por primera vez al enigmático ‘siervo del Señor’. Aunque para el lector de Isaías éste tiene una semejanza familiar. Esto debido a lo que se dice del siervo conlleva algunos ecos, pensamientos y un lenguaje particular que ha demostrado ser importantes para el libro a largo de los  cuarenta y un capítulos que nos conducen con este primer encuentro inmediato.

‘Hay algo acerca de él…’, se podría musitar. ‘¿He conocido a esta persona en alguna parte antes? ¿Me recuerda a alguien…?’

Este es mi siervo, a quien sostengo, mi escogido, en quien me deleito; sobre él he puesto mi Espíritu, y llevará justicia a las naciones. No clamará, ni gritará, ni alzará su voz por las calles. No acabará de romper la caña quebrada, ni apagará la mecha que apenas arde. Con fidelidad hará justicia; no vacilará ni se desanimará hasta implantar la justicia en la tierra. Las costas lejanas esperan su ley (Isaías 42: 1-4 N.V.I.).

Si hablo de ‘mi siervo’ (hebreo: עבדי) como individuo o como una persona, lo hago no para prejuzgar la cuestión de su identidad, sino para reflejar el propio tratamiento del texto. De las muchas cosas dadas a conocer acerca de este personaje desconcertante, permítanme exponer algunos puntos destacables en esta primera ‘presentación pública’.

Primero, el texto insiste en que YHWH sostiene al siervo. El siervo no sólo está facultado por YHWH; es que su misión se mantiene en gran parte porque es respaldado por la presencia de  YHWH. Veremos más detalles de ello en otro momento, pero sería un descuido imperdonable no mencionarlo aquí.

Segundo, el siervo es un agente de la justicia (hebreo: משפט), un tema con raíces profundas en el suelo isaiánico. Tres veces en este oráculo de cuatro versos, el tema vuelve a aparecer. Tal vez como resultado de la colocación de su espíritu sobre el siervo de YHWH, éste traerá justicia a las naciones. Luego, en un nuevo énfasis sorprendentemente acentuado, que fielmente (o ‘realmente’) traerá justicia. Y, por último, el vigor del siervo no será reducido hasta implantar la justicia en la tierra.

En tercer lugar, aparece en estos versos una doble aplicación exquisitamente isiánica de la terminología que comunica las nociones de contusionar y extinguir (una llama o una mecha). La primera afirmación considera aquellos que son débiles o comprometidos de alguna manera material. Siguiendo la afirmación de que el siervo no andará ruidosamente por las calles, el texto se vuelve a su tratamiento de los débiles:

No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que apenas arde.

Sin embargo, tan pronto como esta afirmación ha sido hecha, el texto corre a clarificar que la ternura descrita aquí, no refleja nada acerca de la propia debilidad del siervo. Repitiendo el mismo vocabulario hebreo para moretón (רצץ) y  desmayo (כהה) en orden inverso a su primera aparición, el oráculo afirma que:

Él no  se desmayará ni se desanimará hasta que haya establecido la justicia en la tierra. (Traducción libre).

El hecho de que la Versión Estándar Inglesa (ESV) varíe su traducción de . Por último, esta introducción del siervo puede alimentar el caso que Isaías contempla un lugar de bendición en lugar de una mera condenación por ‘las naciones’, incluso si esa bendición se encuentra por un camino que se abre paso a través de la caliente justicia de YHWH. Se dice que los litorales esperan o tienen esperanza en la justicia del siervo, que es precisamente la justicia de YHWH. Significativamente, esto coloca el viaje redentor de las naciones paralelo a la ruta dura y esperanzadora de Israel/Judá.

Así el ‘siervo del Señor’ de Isaías establece sus primeras impresiones. Este agente de la justicia divina, opera por la propia fuerza y la provisión de YHWH, infatigablemente extiende la justicia lejos y cerca sin rodar sobre los débiles y necesitados en el proceso.

El desarrollo del personajae del  siervo de Isaías apenas ha comenzado. Ya es rica, sugestiva, inquietante y sobre todo, desconcertante.

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Más allá de todos aquellos indicios y transiciones que han aparecido hasta ahora, encontramos en el capítulo 40 del libro de Isaías la más contundente promesa de una pronta restauración y un retorno que rasga la escena a todo color. La voz misteriosa del que clama anuncia que todos los obstáculos a lo imposible, serán eliminados.

Una voz proclama: ‘Preparen en el desierto enderecen en la estepa un sendero para nuestro Dios. Que se levanten todos los valles, y se allanen todos los montes y colinas; que el terreno escabroso se nivele  y se alisen las quebradas. Entonces se revelará la gloria del Señor, y la verá toda la humanidad. El Señor mismo lo ha dicho’ (Isaías 40:3-5 N.V.I.).

Para una persona como yo, amante de las montañas y que se considera devoto caminante de las laderas escabrosas, toma tiempo acostumbrase a la imagen que nos proporciona el profeta. A diferencias de la montaña, no hay romance en el desierto. El  propósito del texto es sencillamente establecer que ningún obstáculo para la redención del pueblo de YHWH ha de ser tolerado.

La nueva carretera del desierto será recta. No hay tiempo que perder para cincelar elegantes curvaturas a través del desierto.

Los valles serán levantados, los montes y las colinas descenderán. La gente deberá regresar a casa sin las aflicciones de valles inhóspitos que harán su ruta más lenta.

El autor del texto ha determinado que lo recto y lo nivelado mejor representan la determinación poco probable de YHWH en este caso. Nada debe restringirse. Nada se retrasará. La misericordia de YHWH que provee segundas oportunidades a su pueblo amado y rebelde, es su misterioso propósito. Para aludir a otra frase isaiánica, ello permanecerá.

Hay más aquí, si vamos a inspeccionar esta declaración a través de los ojos de quienes han sido entrenados para conocer los matices de la retórica isaiánica. Los verbos del versículo 4 se familiarizan con el lector de Isaías.

Que se levanten todos los valles (en hebreo: נשא) y se allanen todos los montes y colinas  (en hebreo: שפל); que el terreno escabroso se nivele y se alisen las quebradas. El terreno irregular se volverá nivelado, y el áspero pondrá una llanura. (Isaías 40:4)

En este libro, florece la retórica isaiánica de levantar bajar. La observación crítica es que estos vocablos hablan más a menudo de las alturas  del corazón humano. Es el lenguaje del escrutinio moral, el vocabulario que el profeta ensancha para describir a las personas arrogantes y humildes y las promesas de YHWH de ‘bajar’ a las primeras y ‘elevar’ las últimas.

Un ejemplo o dos pueden ayudarnos aquí.

Los ojos del altivo serán humillados (שפל) y la arrogancia humana será doblegada. ¡En aquel día solo el Señor será exaltado!

Un día vendrá el Señor Todopoderoso contra todos los orgullosos y arrogantes, contra todos los altaneros (נשא) para humillarlos (שפל); contra todos los cedros del Líbano, arrogantes y erguidos (נשא), contra todas las encinas de Basán, contra todas las montañas altivas (נשא); contra todas las colinas erguidas; La altivez del hombre será abatida, y la arrogancia humana será humillada (שפל). En aquel día solo el Señor será exaltado (Isaías 2:11–14, 17 N.V.I.)

He destacado sólo el cruce preciso en el lenguaje. Si ampliáramos nuestro ejercicio a un nivel de confluencia conceptual, la superposición sería aún más evidente.

Y otra vez, en el capítulo cinco:

El hombre será humillado, la humanidad, doblegada (שפל), y abatidos (שפל) los ojos altivos (Isaías 5:15 N.V.I.).

Estas dos selecciones son simplemente un par entre muchos.

Parece muy probable entonces que, cuando el profeta habla de los obstáculos topográficos sacados del camino de Judá, mientras contemplan lo que significaría volver a casa, está señalando  la oposición de las personas y sus maquinaciones contra el propósito de YHWH para el remanente de Judá que será  inerte. Si la aplicación de estas imágenes a los seres humanos no agota sus capacidades, por lo menos las enfoca.

Hay otro detalle que parece formarse con esta comprensión. En el versículo cuatro, es todo monte y colina que descenderá. La palabra en cursiva traduce hebreo גבעה (giv’ah). Esto se relaciona al menos auditivamente y es probable que también etimológicamente, con dos de las características palabras isiánicas para mostrar  la arrogancia o altivez: גבהּ / (gava[c]h) y גבהות / gavhut). De hecho, en 2.11 (citado anteriormente), se forma explícita que los ojos altivos (גבהות עיני) del hombre serán abatidos (el ahora familiar שפל).

El profeta de YHWH de hecho está ‘hablando al corazón de Jerusalén’, como el  texto convoca a destinatarios sin nombre. Si Judá debe abrazar las misericordias restauradoras de YHWH, primero su pueblo debe aceptar que las naciones son como  polvo. Nadie externo a la nueva conversación de YHWH con su pueblo, evitará que lo bueno que él ha determinado para ellos llegue.

Esto es como decirle a la hormiga que el elefante de enorme patas no tiene nada que decir sobre su futuro. Fue casi imposible creer en aquel entonces. Impone hoy nuestra credibilidad, ya que el texto resuena en nuestra alma y desafía a nuestras pequeñas Babilonias.

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La Biblia no es un libro de piedades endulzadas.

No habría sobrevivido muchos siglos si no fuera por sus cualidades idiosincrásicas. Una de esas es su persistente realismo.

Cuando el rey Ezequías de Judá aparece cual improbable en la porción del libro de Isaías que sierve como un puente entre la anticipación de Judá del exilio, por un lado, y la eventual restauración del exilio, por el otro, el lector no vería en esta figura la portavoz de una fe nitidamente ortodoxa. Ezequías simplemente es lo que es, en toda su gloria y toda su tragedia. Para algunos lectores, él se coloca en como icono de la nación misma.

Independientemente de cómo tales detalles se hayan resuelto, la representación de Isaías de su llegada a los términos de la muerte tiene un tono deprimente. La súbdita ordinaria de las imágenes es sorprendente.

Yo decía: “¿Debo, en la plenitud de mi vida,  pasar por las puertas del sepulcro  y ser privado del resto de mis días?” Yo decía: “Ya no veré más al Señor en esta tierra de los vivientes; ya no contemplaré más a los seres humanos, a los que habitan este mundo”.  Me quitaron mi casa, me la arrebataron,  como si fuera la carpa de un pastor.

Como un tejedor, enrollé mi vida,  y él me la arrancó del telar. ¡De la noche a la mañana acabó conmigo!  Pacientemente esperé hasta la aurora,  pero él, como león, me quebró todos los huesos. ¡De la noche a la mañana acabó conmigo!  Chillé como golondrina, como grulla;  ¡me quejé como paloma! Mis ojos se cansaron de mirar al cielo. ¡Angustiado estoy, Señor! ¡Acude en mi ayuda!  »Pero ¿qué puedo decir? Él mismo me lo anunció, y así lo ha hecho. La amargura de mi alma  me ha quitado el sueño (Isaías  38:10–15 N.V.I).

La persona que ha sufrido un desconsuelo interminable así como alguien que agoniza  por largo tiempo, fácilmente identifica su experiencia con las palabras de Ezequías.

Ezequías no puede hablar, en este momento, de su legado, de la fe, o de sus expectativas. Más bien, ‘del día a la noche’—sin mucho reparo o escándalo—se imagina abandonando la vida tal y como la ha conocido.

Pare este rey enfermo, no hay drama en la espera de la muerte. Así de ordinara es su experiencia como aquella de un pastor que quiebra el campo para la siguiente pastura, o un tejedor que envuelve sus cosas en el final de su día.

Los lectores contemporáneos pueden encontrar cierta comodidad en lo ordinario de la muerte. Es ‘sólo parte de la vida’, nos decimos, tratando de convencernos a nosotros mismos.

Ezequías no ve las cosas tan alegremente.

Realismo. Sorprendente realismo.

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Una voz misteriosa resuena en el cuadragésimo capítulo del libro de Isaías, el mismo punto en el que la comodidad suplanta el juicio como el tono imperioso del libro. Esta voz es misteriosa precisamente porque es anónima. No es frecuente que un texto  introduzca a un nuevo protagonista sin identificarlo.

Isaías, no es ningún esclavo de la conformidad, y hace exactamente esto.

¡Consuelen, consuelen a mi pueblo!—dice su Dios—. Hablen con cariño a Jerusalén,   y anúncienle que ya ha cumplido su tiempo de servicio,  que ya ha pagado por su iniquidad, que ya ha recibido de la mano del Señor  el doble por todos sus pecados.

Una voz proclama: «Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la estepa un sendero para nuestro Dios (Isaías 40: 1-3 N.V.I.).

La voz anónima está claramente alineada con la del Dios de Israel, éste habla primero. Sin embargo, la voz también es distinta; no es meramente la propia voz de Dios. Sólo unos cuantos versículos después, ‘una voz’ habla una vez más. Significativamente, ordena a un oyente que igualmente queda sin identificarse, que proclame, al igual que la propia voz había llevado a cabo el capítulo.

Una voz dice: «Proclama». « ¿Y qué voy a proclamar?», respondo yo. «Que todo mortal es como la hierba, y toda su gloria como la flor del campo. La hierba se seca y la flor se marchita, porque el aliento del Señor sopla sobre ellas. Sin duda, el pueblo es hierba. La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre» (Isaías 40: 6-8 N.V.I.)

Parece haber un contagio que va desde ‘una voz’ a la experiencia del oyente de su clamor. Aquí, el pronombre singular de la primera persona ‘Yo’ representa a este oyente.

Es decir, la voz despierta a alguien o, posiblemente, a un grupo de personas a la acción que consiste en tomar y extender el propio mensaje declarado de la voz. Vemos esto en la agitación de los imperativos que rodean el llanto de la voz, mandamientos que ponen carne en los huesos del simple mandato de clamar.

Lo vemos también en un versículo como Isaías 58.1:

¡Grita con toda tu fuerza, no te reprimas! Alza tu voz como trompeta. Denúnciale a mi pueblo sus rebeldías;  sus pecados, a los descendientes de Jacob (Isaías 58.1: N.V.I.).

No es difícil conjeturar que esta voz anónima está convocando a un profeta, un grupo de profetas, o incluso un remanente de dentro de Israel a alguna acción con respecto a Israel misma. Y que este profeta, estos profetas, o este Israel dentro de Israel de alguna manera se unen a la voz en esta comisión.

¿Pero qué hay de la voz anónima?

Podemos encontrar alguna pista de la identidad de la voz en la visión programática de Isaías en el capítulo 6. Por ‘programática’, quiero decir que el breve pasaje al que me he referido establece el orden del día o establece el programa del libro como un todo. Sus temas, incluso sus detalles, se repiten a medida que se abordan en distintos momentos  se desarrollan. Esto sitúa a la visión de la sala del trono de Isaías en una luz distinta, porque parecería que los acontecimientos y las palabras de esa experiencia se encuentran en el núcleo generativo del mensaje isaiánico.

El año de la muerte del rey Uzías, vi al Señor excelso y sublime, sentado en un trono; las orlas de su manto llenaban el templo.  Por encima de él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban.  Y se decían el uno al otro: «Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso;   toda la tierra está llena de su gloria».

 Al sonido de sus voces, se estremecieron los umbrales de las puertas y el templo se llenó de humo. Entonces grité: « ¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos, ¡y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso!»  (Isaías 6: 1-5 N.V.I.).

El registro de todos los relatos contados indica que los serafines son seres majestuosos. Su ángulo de visión sobre toda la tierra y los efectos de su gran y temible voz lo dicen, esto sin entrar en detalles a lo que implica su proximidad con YHWH. El nombre de estos seres parece llevarnos al verbo ‘quemar’, así que podríamos pensar en criaturas ardientes y relucientes.

Son de varias maneras como la voz anónima de Isaías 40, porque nunca se identifican en detalle; eso sí, ellos están profundamente alineados con la presencia y el  propósito de YHWH; y claman a cabo una verdad fundamental, trascendente que no es del todo busca  ser reconocida por los mortales, su labor es servicial.

¿Podría ser que estos serafines -o mejor, uno de ellos- posea  la voz anónima al comienzo del capítulo 40?

Debe admitirse que en la visión de la sala del trono del capítulo 6, YHWH mismo declara  un mensaje distinto al profeta Isaías.

 Entonces oí la voz del Señor que decía: ― ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí:

―Aquí estoy. ¡Envíame a mí! Él dijo: ―Ve y dile a este pueblo: »“Oigan bien, pero no entiendan;  miren bien, pero no perciban”. Haz insensible el corazón de este pueblo;  embota sus oídos y cierra sus ojos, no sea que vea con sus ojos, oiga con sus oídos,  y entienda con su corazón, y se convierta  y sea sanado» (Isaías 6: 8-10 N.V.I.)

Sin embargo, YHWH habla en lugar de gritar, como parece ser el caso en el capítulo 40, donde YHWH habla, pero la voz grita.

Parece que la mejor construcción que podemos colocar sobre este texto es que la voz no identificada tanto en la comisión del capítulo seis del profeta Isaías, como en la convocatoria del capítulo 40 a un grupo de declarantes, es la de un consejo celestial representado por los serafines. Esta comprensión puede ser de  hecho corroborada por la singular primera persona del plural de la deliberación notable de YHWH en el capítulo seis:

 Entonces oí la voz del Señor que decía: ― ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: ―Aquí estoy (Isaías 6:8 N.V.I.).

Parece que en ambos pasajes fundamentales del libro de Isaías, YHWH aparece en compañía de un consejo celestial. Desde esa ubicación celestialmente social, convoca a su profeta (s) para declarar a Israel su destino. En el primer caso, el panorama es tenso,  oscuro y presagioso. En el segundo, es brillante y tan prometedor que sólo la poesía conmovedora del libro puede hacer que los corazones se levanten y se apoderen de él.

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