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Archive for April, 2020

En este momento, parecemos estar embriagados por nuestra propia autoestima, sin embargo, con pocas esperanzas de lograrlo por la ruta intoxicante que hemos elegido. Por lo tanto, puede parecer un momento difícil para hablar de Dios riéndose sarcásticamente de los pequeños esfuerzos de la humanidad para establecer su estatus y prerrogativa. Sin embargo, los salmos eligen esa imagen cuando sus escritores imaginan al Señor que gobierna a las naciones tomando la medida de los esfuerzos terrenales tendientes a suplantarlo.

Esta risa es un buen sonido -una manera de euanggelion– para aquellos israelitas que se encuentran rodeados por enemigos gentiles cuya enemistad declarada contra el Dios de Jacob debe tener consecuencias dolorosas para sus hijas e hijos. Frecuentemente, la mención del cielo riendo a carcajadas de los designios de los maquinadores es precedida por alguna declaración en labios de los malhechores en el sentido de que “nadie escucha” o “nadie ve”. Son inmunes a la justicia celestial, o así consideran.

Observa el salmo 59.

Aquí el escritor está preocupado por lo que parece ser una amenaza de guerra por parte de los gentiles contra el pueblo de Israel y/o Judá. Su descripción de guerra en términos caninos es de agarre:

Regresan al anochecer, aúllan como perros,
y rondan por la ciudad.
He aquí, se jactan con su boca;
espadas hay en sus labios,
pues dicen: ¿Quién oye? (Salmo 59.6-7 LBLA)

Luego, el sonido de la risa:

Mas tú, oh Señor, te ríes de ellos;
te burlas de todas las naciones.

A causa de su fuerza esperaré en ti,
porque Dios es mi baluarte.
Mi Dios en su misericordia vendrá a mi encuentro;
Dios me permitirá mirar victorioso sobre mis enemigos.

La imagen marca el movimiento contra la soberanía de YHWH sobre su mundo como “cosa de locos”. Dicha insurrección parece prudente desde cierto punto de vista, pero risible cuando se tiene la perspectiva adecuada.

O mira, el tan famoso, salmo 2, un himno de confianza en la arquitectura histórica del Señor y el estatus de su rey ungido:

¿Por qué se sublevan las naciones,
y los pueblos traman cosas vanas?
Se levantan los reyes de la tierra,
y los gobernantes traman unidos
contra el Señor y contra su Ungido, diciendo:
¡Rompamos sus cadenas
y echemos de nosotros sus cuerdas!

Él que se sienta como Rey en los cielos se ríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les hablará en su ira,
y en su furor los aterrará, diciendo:
Pero yo mismo he consagrado a mi Rey
sobre Sión, mi santo monte. (Salmo 2:1-6 LBLA)

Sería un error muy común leer en tal risa burlona un papel de adversario por parte de YHWH hacia los pueblos como naciones. Por el contrario, el mismo material presenta un compromiso con su redención, que es en puntos impresionante en su alcance y belleza. Sin embargo, a través de tales pasajes se evidencia una fuerte corriente de humildad y, a veces, de humillación. Es decir, la redención en los salmos y los profetas llega a las naciones cuando se someten al Dios de Jacob y a veces incluso al mismo Jacob/Israel. No hace falta decir que la historia de la interpretación se ha tardado mucho en discernir qué forma podría tomar tal subyugación—forzada o abrazada con alegría.

Cuando se escucha esta variedad de risa divina, no se dirige contra los no judíos en su totalidad, sino contra las naciones que buscan escapar de la soberanía determinada de YHWH no sólo sobre su pueblo Israel, sino sobre todo el mundo creado. Para los escritores que se complacen en el género, el reino de YHWH incluye no sólo su tribu abrahámica sino también—la frase es importante para fijar la atención de Dios en la gente—el tevah, el “mundo entero habitado”.

Es una estupidez, de hecho es una especie de broma, que pequeños hombres y mujeres se crean capaces de resistirse a tal poder.

Es más para su beneficio, la literatura parece sugerir, encontrar su misericordia en su fuerza, su bondad en su consejo, su futuro—velado por la desconcertante niebla del caos—en la historia.

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La ayuda está disponible.

Este es el mensaje que el poeta que creó el Salmo 46 subraya en un tiempo en donde todo parece que lo que es confiable ha sido estremecido. Solo se necesita haber sentido un terremoto para que esa estaca existencial se clave en el alma, que solo aparece cuando la tierra se mueve.

 Se puede suponer que cualquier cosa se mueva bajo coacción. Pero no se supone que la tierra se mueva. Es la Cosa Inmóvil, el escenario en el que todo tipo de mobiliario hace un sonido agrietado y se agita. La gente marcha, corre, se arrastra, algunos se quedan, otros nos hacen desear que se hayan quedado. Pero la tierra en sí misma no se mueve.

 Entonces, de repente, se mueve, dejando a uno a preguntarse si existe algo en que se puede.

Dios es nuestro refugio y fortaleza,
nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios,
y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares;
aunque bramen y se agiten sus aguas,
aunque tiemblen los montes con creciente enojo.
(Salmo 46:1-3 LBLA)

Al explorar su tema, el poeta se refiere a Dios en medio del caos con una descripción hebrea que es única en la antología bíblica. Él es, se nos dice, נמצא מאד (nimtsa’ me’od). Para una traducción, el traductor muy literal podría querer algo como esto: muy encontrable/descubrible. Las almas más poéticas nos han dado una convincente y duradera tradución: un pronto auxilio en las tribulaciones.

Lo que esta frase castella consigue con un notable toque estético, sacrifica parcialmente por el otro lado en términos del significado que el salmista desea expresar. Dios no está tan presente en una manera ordinaria e indiscutible, en tiempos de angustia, como la interpretación más bien filosóficamente inclinada en el español podría llevarnos a creer.

Más bien, él está disponible. Es decir, es sensible a ser buscado. Él escucha y reacciona cuando se le pide. Puede parecer que está oculto o incluso, al contrario de la traducción español que tenemos ante nosotros, ausente, ya que todo lo que es fuerte y fiable es lanzado como las olas en el mar. Pero él se dejará descubrir en esa mêlée por alguien que lo busca asiduamente mientras la casa se quema a su alrededor.

Este salmo, uno de los mejores de la antología bíblica, pasa a explicar el significado de la disponibilidad divina cuando los cimientos se estremecen. Aprendemos, de forma más prosaica, que el Señor está con nosotros. Quizás fue esta afirmación la que llevó a los traductores a expresar la presencia de YHWH con su notable giro de una frase que merece ser repetida: una ayuda muy presente.

Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios,
las moradas santas del Altísimo.
Dios está en medio de ella, no será sacudida;
Dios la ayudará al romper el alba.
Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos;
dio Él su voz, y la tierra se derritió.
El Señor de los ejércitos está con nosotros;
nuestro baluarte es el Dios de Jacob. 

La espiritualidad bíblica, más a menudo de lo que vence las circunstancias de caos, alimenta un espíritu tranquilo en el centro de la existencia. Pero aun esta afirmación no es es mecánica, no es el producto de una quietud forjada por la fuerza de un alma human. Más bien, es el resultado del paradójico esfuerzo de buscar a un Dios que se deja encontrar a la fuerza, normalmente mientras las montañas y los pueblos continúan su furia justo afuera de la frágil puerta.

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El salmista se enfrenta a Dios como cualquier par de amigos que lo hace bebiendo cerveza en el bar. Es una franqueza inquietante que evidencia la verdad de la circunstancia sin poner en peligro la larga fraternidad, que es el cimiento que une a tales amigos.

Los Salmos 42 y 43 están unidos por este vínculo verbal:

¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar?
En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! (Salmo 42:11 y 43:5 NVI)

Este estribillo logra un sofisticado autodiagnóstico, reconociendo a la vez tanto la depresión que prevalece como la incapacidad de alabar a Dios que es su compañero. Sin embargo, si el orador no puede alabar a Dios, aún puede dirigirse a él. Esa conversación viene como el severo desafío de un amigo ofendido:

Salmo 42: «¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?»… ante la burla de mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?»

Salmo 43: ¿Por qué me has rechazado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?

En cada caso, el salmista mantiene la esperanza de que todavía alabará a Dios, de que la amistad será restaurada a su resistente y satisfactoria mutualidad, de que esta actual soledad es el filo experiencial no del abandono final sino de alguna interrupción inescrutable que con el tiempo se revertirá.

El abrazo de la franca charla sobre la aparente falta de fiabilidad de Dios, por un lado, y la valiente afirmación de la esperanza en él, por el otro, es un instinto bíblico de notable perseverancia. Se ve muy claro el enajenamiento, resistiendo el impulso piadoso de explicarlo. Sin embargo, se aferra a la máxima racionalidad de esperanza en un buen Dios que parece tan amenazada por las contingencias de la experiencia humana, en particular por la experiencia de esa depresión y humillación que sigue a la experiencia de la ausencia de Dios. Él es deus absconditus muy a menudo para nuestro gusto. Sin embargo, él es YHWH, por su propia designación, el Dios que está allí, el Dios que está aquí.

Todo esto lleva a la fe bíblica a una cualidad lineal e histórica que contradice la abstracción. Uno se mueve de una experiencia a otra. Hay muy poco estoicismo aquí, es decir, la oscuridad actual se reconoco por lo que es. Al contrario, hay licencia para declarar la experiencia de este momento, como la pregunta retórica que casi se mofa de Dios por su ausencia, o mediante la confesión que dice que aún hay razones para tener esperanza.

La vida con este Dios, como parecen sugerir los salmos, no es oscuridad y confusión. Sin embargo, tampoco es simple. Es más bien un drama. El momento tras momento, capa sobre capa. Uno camina. Uno hace peregrinaje.

Mientras tanto, uno no sufre en un silencio abnegado. Uno habla. Uno ora.

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