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Archive for September, 2019

Salmo 15: Integridad

David Allen Baer Potter

 

¿Quién, SEÑOR, puede habitar en tu santuario?

¿Quién puede vivir en tu santo monte?

 

Sólo el de conducta intachable,

que practica la justicia

y de corazón dice la verdad;

que no calumnia con la lengua,

que no le hace mal a su prójimo

ni le acarrea desgracias a su vecino;

que desprecia al que Dios reprueba,

pero honra al que teme al SEÑOR;

que cumple lo prometido, aunque salga perjudicado;

que presta dinero sin ánimo de lucro,

y no acepta sobornos que afecten al inocente.

 

El que así actúa no caerá jamás.

(Salmo 15:1–5 NVI)

 

 

Tenemos un problema.

Usted no va a creer nada de lo que le voy a decir en esta mañana. Es más, usted no va a creer lo que este salmo nos dice.

Le explico por qué. Hay dos razones.

Primero, usted es un cristiano o una cristiana, formado por la mente y la retórica de Pablo. Usted es un evangélico colombiano del siglo 21 que sacrifica una semana en setiembre para escuchar sermones. Es un cristiano muy paulino.

Se lo aseguro.

Usted cree que lo que el apóstol afirma en Romanos 3 es absolutamente y precisamente acertado. De hecho, es posible que usted tenga memorizado este trozo de textos—la mayoría provienen de los mismos salmos—que Pablo arregla como perlas en un hilo:

Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!» «Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños.» «¡Veneno de víbora hay en sus labios!» «Llena está su boca de maldiciones y de amargura.» «Veloces son sus pies para ir a derramar sangre; dejan ruina y miseria en sus caminos, y no conocen la senda de la paz.» «No hay temor de Dios delante de sus ojos.»” (Romanos 3:10–18 NVI)

Y si eso fuera poco, existe una segunda razón por la que usted no va a aceptar nada de lo que le digo … de lo que este salmo nos dice. ¿Quiere saber que es?

Usted ha sido moldeado en un contexto con índices altísimos de corrupción. Hace años usted dejó de creer que existen personas íntegras. Usted ha llegado a saber que la malicia indígena es la que reina, que la gente es muy viva desde niño y que los que piensan de otra manera son totalmente despistados … ingenuos … mal informados … o demasiado alegres.

Mi amigo y colega Milton Acosta escribe estas palabras en su magnífico libro El mensaje del profeta Oseas: una teología para combatir la corrupción:

 Hay quienes afirman que la gravedad de la corrupción en América Latina se debe a una pérdida de valores y otras razones que recientemente habrían minado la ética de los ciudadanos. Al plantear el tema de esta manera se supone que tales valores existieron en otro tiempo cuando no había corrupción o, por lo menos, no tanta. Sin embargo, el historiador Alfonso Quiroz afirma que la corrupción en América Latina viene desde la época de la Colonia. Es decir, los estados latinoamericanos no han conocido existencia sin corrupción en ninguna época. La corrupción siempre ha formado parte de las estructuras oficiales y las relaciones entre los ciudadanos. A esto se le conoce con el nombre de corrupción sistemática … En otras palabras, no hay nada nuevo en la corrupción que vemos hoy, pues ésta es la herencia que hemos recibido, tolerado y cultivado. Quizá la única novedad hoy sea que conocemos mejor el talante de nuestros dirigentes y nos conocemos mejor a nosotros mismos (p. 18).

Entonces si Pablo es tan absoluto en sus declaraciones sobre la lamentable naturaleza del ser humano, y si la corrupción es tan epidémica y sistemática en su experiencia del mundo, ¿Cómo voy a anticipar que a mí me crea y este salmo lo asimile cuando habla de aquel ser humano que comparte residencia con el Señor por la integridad de su vida?

Quizá el mejor remedio para uno es, contratar un buen abogado y plantear una denuncia contra los organizadores de Predicación Transformadora por haberme dado tarea tan absurda e imposible.

Y no es que yo sea tan diferente por no ser colombiano. En una mañana de verano en 1981—recuerdo el momento como si fuera ayer—dos hombres de mayor edad … cínicos, amargados, racistas… quienes trabajaron al lado mío en la fábrica donde tenía mi primer trabajo después de graduarme de la universidad me sacudieron el mundo con esta declaración oscura:

¡Todo hombre tiene su precio … ¡

Por primera vez en mi vida, en esa asfixiante fábrica de repuestos para motores de automóviles, contemplé la posibilidad de que eso era cierto y que los hombres y mujeres justos que yo había conocido lo eran solamente por apariencias … que ellos venderían su integridad cuando el precio subiera a la cifra indicada.

Era una posibilidad que me inquietó por mucho tiempo … hasta que fui acompañado muchos kilómetros por personas de las cuales mi alma eventual pudo declarar: ‘Este sí es un hombre justo. Ella sí es una mujer de Dios.’

   *     *     *

A pesar de los anticuerpos que tú tengas contra el concepto, quiero convencerte de que el Salmo 15 no es una puerta cerrada a la posibilidad de habitar con Dios en su santo espacio … sino una puerta abierta. También quiero persuadirte de que sí existen hombres y mujeres de integridad … que tú puedes ser uno o una de ellos … y, en realidad, que nuestra Colombia necesita que así sea.

Pero volvamos al salmo …

Es un salmo que solo tiene tres cosas que decirnos.

Primero, nos confronta con esa pregunta retórica …

¿Quién, Señor puede habitar en tu santuario?

¿Quién puede vivir en tu santo monte?

Segundo, nos presenta con un perfil extraordinariamente detallado del hombre o la mujer de integridad.

Tercero, nos instruye sobre lo que esa persona íntegra puede anticipar en la vida, mediante una corta y contundente declaración final.

    *     *     *

Vamos, entonces, a la primera cosa que este salmo tiene para decir. Es una pregunta …

 

Uno: La pregunta

¿Quién, SEÑOR, puede habitar en tu santuario?

¿Quién puede vivir en tu santo monte?

Toda esta explosión de integridad comienza con una pregunta. Esta pregunta doble es el fósforo que le pone fuego a este salmo de integridad.

Es una pregunta doble que me llega directamente al corazón.

Me llega de esa manera primero por su muy sutil belleza poética.

Fíjate que el salmista no dice exactamente la misma cosa dos veces. No, eso sería demasiado sencillo y—confesémoslo—un poquito aburrido.

Al contrario, la primera línea del versículo 1 utiliza un verbo que se usa para aquel extranjero que pasa como nómada por una tierra que le es ajena. Y el lugar de su residencia temporal es ‘tu tienda’.  (NVI: ‘tu tabernáculo’)

Es decir, su imaginación aterriza en una realidad que es efímera y transitoria … y vulnerable. Nuestra versión NVI no capta estos detalles, lamentablemente.

Pero los verás si acudes a las notas de LBLA, donde encontramos ¿Quién peregrinará en tu tienda …?

No perdamos el detalle: el salmista primero imagina una situación precaria, donde como extranjero el estuviese buscando abrigo … añorando techo … en la tienda del Dios nómada de Israel. Él se imagina un forastero … un migrante … un desplazado … pisando suelo donde el mismo Dios vive y arma su tienda de nómada.

Luego, pasa a la realidad más sólida de vivir en tu santo monte.

En los dos casos, el salmista hace la pregunta atrevida: ¿Quién es capaz de compartir techo con Jehová? ¿Quién puede habitar cerca de él … en su presencia?

Bueno, te dije que hay una segunda razón por la que este primer versículo me llega al corazón.

Es que yo también soy forastero … migrante … residente extranjero.

Cada vez que cuadro una cita … cada vez que compro con mi tarjeta de débito … cada vez que me presento en el aeropuerto después de haber viajado en el exterior, es imposible ignorar el hecho que no pertenezco acá.

El documento lo dice todo: CÉDULA DE EXTRANJERÍA … MIGRANTE.

 Mi apuesta es con el futuro de Colombia y de los colombianos, y por lo tanto mi proyecto de vida también. He tomado mis decisiones. Residimos aquí. Nuestra vida es aquí.

Pero nunca perteneceremos, en cierto sentido de la palabra.

Hay una provisionalidad … un toque tentativo … en todo lo que soy y hago en Colombia … porque al final de cuentas, la cédula lo dice todo: extranjería … migrante.

Por lo tanto, cuando este salmista se atreve a plantear la pregunta inquietante: ¿Quién peregrinará en tu tienda, Señor? … me siento identificado con su inquietud, pues por naturaleza es difícil creer que él pertenezca en esa tienda de Dios.

Ahora, es a lo mejor injusto que yo—con las circunstancias de mi vida—hable en estos términos tan personales cuando nuestras calles y barrios abrigan desplazados venezolanos y colombianos cuyas circunstancias son mil veces más precarias que las mías.

Pero por una u otra ruta, tenemos que escuchar la emoción—la vulnerabilidad … la duda … que vive en la pregunta que el salmista se plantea delante del Señor.

¿Cuáles son sus credenciales para vivir en la compañía del Dios de Israel? ¿Qué tipo de visa le permite andar por ahí? Y, al ser descubierto, ¿experimentará acogida o desahucio?

¿Cuáles son tus credenciales para compartir la vida con Dios? ¿Cuáles son las mías?

¿Quién, SEÑOR, puede peregrinar en tu tienda?

¿Quién puede vivir en tu santo monte?

 

Dos: El perfil

Cuando pasamos a los versículos 2-5, encontramos una descripción asombrosamente detallada de la persona que puede habitar con el Señor tanto en su tienda nómada como en el templo que es el Edificio Número Uno de ‘tu santo monte’.

Nos debe sorprender de una vez lo que no aparece en este perfil de la persona íntegra:

No aparece culto … es decir, liturgia.

No aparece pactoes decir, identificación religiosa.

 Bueno, si el salmista no perfila la persona que puede convivir con Dios por su adoración, ni por su afiliación … no por culto, ni por pacto … no por su liturgia, ni por su identificación religiosa, entonces …

¿En qué términos la describe?

¡Por su integridad!

Ahora, sería un error concluir que el escritor del salmo 15 no valora la alabanza que al Señor se le presenta en ese santo monte … en el templo …

Sería un error también concluir que el salmista ha olvidado toda la historia de Dios con Israel y la crucial importancia de pertenecer a ese pueblo que el Señor tanto ama.

Pero por un momento, este salmo nos invita … nos obliga a considerar la posibilidad de que hay algo más importante que eso … y ese algo alude a cómo uno vive en el entorno en donde el Señor soberano lo ha plantado.

El salmista nos da nada menos de diez cualidades de la persona que puede convivir con Dios. Se trata tanto de acciones que la persona íntegra hace … como formas de vivir que él rechaza.

Yo quiero reducir estas diez cualidades a cuatro que me parece abarcan la totalidad:

  • Él ve con claridad.
  • Él abraza la realidad.
  • Él vive en comunidad.
  • Él actúa con generosidad.

 

Él ve con claridad.

Quiero que nos concentremos por un momento en un detalle del versículo 2.

Ahí, el texto bíblico habla de los hechos de esta persona, pero al final se refiere a lo que él dice o piensa.

La expresión en el texto hebreo es un poco ambigua. La NVI dice:

… y de corazón dice la verdad (NVI).

Las versiones más literales dicen otra cosa:

… habla verdad en su corazón (RV, LBLA).

En este caso creo que las versiones literales captan mejor la expresión hebrea. Pero en su literalismo pierden el detalle de que en la expresión hebrea decir la verdad en su corazón es pensar la verdad en su corazón o, mejor dicho, reflexionar sobre la verdad en su corazón.

Es decir, estamos hablando de una mujer o un hombre que percibe y reflexiona acertadamente. Su mundo interior no es confundido, confuso. No es una persona dividida. Es una persona unida y bien integrada.

Es una persona que ve con claridad.

 

Él abraza la realidad.

Esta persona convive con Dios porque su caracter se alinea con el de Dios. Él es un fiel reflejo, encarnado en carne y hueso, de la persona de Dios. Él es imagen y semejanza de Dios.

Para él, la realidad no es infinitamente moldeable a sus gustos y preferencias. Al contrario, él recibe la realidad como algo dado por el Señor y con las promesas que este individuo hace él colabora con Dios en forjar futuro … en construir realidad futura.

Es el versículo 4 que con más precisión traza esta faceta de su persona. Este verso define el individuo que puede convivir con Dios como el …

… que desprecia al que Dios reprueba,

pero honra al que teme al SEÑOR;

que cumple lo prometido

aunque salga perjudicado;

Esta persona es capaz de vivir en un contexto cultural como el nuestro, donde ‘todo se puede negociar’ … donde se toma por sentado que billetera que cae al piso en el pasillo de un supermercado es billetera que desaparece pa’ siempre … donde se asume que el soborno es parte normal de cualquier negocio … donde la violencia es apenas la forma más extrema del abuso que los ciudadanos practicamos en interés propio día en día.

Esta persona, aún en semejante contexto, preserva el sentido vivencial de que la justicia es justicia … que injusticia es injustica … que lo noble es noble … que mentira por disfraz que se le ponga sigue siendo mentira. Él sabe que la humanidad todavía consiste en sabios y necios, en justos y malhechores, en vivos y honrados. El abraza esta realidad.

Él es también una persona que forja realidad, pues él hace y cumple promesas, aun cuando su compromiso le perjudica.

El eticista fallecido Lewis Smedes observó que la Biblia le resta al creyente todas las formas ‘ordinarias’ de conocer y aun moldear el futuro: la hechicería, la manipulación de los espíritus, las declaraciones, las palabras de fe … todas excluidas para él que confía en el Señor.

Para el creyente, dice Smedes, nos quedan solamente dos—muy poderosas—maneras de crear futuro: perdonar … y hacer promesas y cumplirlas:

 Una promesa humana es una realidad asombrosa. Cuando una mujer hace una promesa, ella echa su mano en las circunstancias impredecibles de su mañana y crea un enclave de realidad predecible. Cuando un hombre hace una promesa, él crea una isla de certeza en medio de un océano turbulento de incertidumbre. Ningún hecho humano, excepto el perdonar, es más divino.

Esta persona, hombre o mujer, que convive con Dios, sabe que vivimos en un mundo intensamente moral. Además, este individuo forja futuro, haciendo y cumpliendo promesas costosas. Este aliado del Señor, con su permiso de andar en las plazas de su santo monte, abraza la realidad.

 

Él vive en comunidad.

Casi sobra decir que esta persona no camina solamente en la presencia del Señor. Él no es un santo demasiado piadoso para la compañía de otros, los menos consagrados. Al contrario, él comparte espacio con muchos seres humanos. Es decir, él o ella vive en comunidad. Es una especie comunitaria.

Versículos 2 y 3:

Sólo el de conducta intachable,

que practica la justicia

y de (en su) corazón dice (reflexiona sobre) la verdad;

que no calumnia con la lengua,

que no le hace mal a su prójimo

ni le acarrea desgracias a su vecino;

Su conducta fomenta el bienestar—el shalom—de su comunidad. Su presencia es catalítica, en el sentido de que genera una cadena de dinámicas positivas. El entiende el poder de la lengua, la capacidad enorme de la palabra o para destruir comunidad o cultivarla.

Él es, por excelencia, el buen vecino. Su presencia en un barrio, en una iglesia, en un seminario … en nuestra Colombia … es motivo de regocijo para los que también aman la justicia y reconocen la corrupción cuando la ven.

Tal persona es a la vez vecina de Dios y vecina nuestra. Y los dos—el Señor y nosotros—quedamos felices porque sea así.

 

Él actúa con generosidad.

Al final de esta intensa y detallada descripción de este vecino de Dios … este hombre íntegro … esta mujer de integridad … descubrimos que es también una persona generosa. Es decir, él no entiende lo que tiene en términos de lo que posee … sino como recurso que él administra.

Lo que me es asombroso es que esta descripción de generosidad no es eclesial. Es decir, no menciona sus diezmos ni sus aportes al templo de ese santo monte donde el Señor le abre las puertas.

Al contrario, los colores de su generosidad se pintan en los matices de su comportamiento cotidiano, no religioso.

… que presta dinero sin ánimo de lucro, (lit. sin interés)

y no acepta sobornos que afecten al inocente.

Él o ella no calcula la máxima rentabilidad de sus recursos solo por los montos de los intereses que puede acumular. Al contrario, él considera que una inversión en las necesidades humanas es una oportunidad codiciable, aun si lo depositado nunca se recupera. Si tildamos esto de ‘generosidad secular’, el Dios del santo monte lo ve diferente. Él lo considera una las principales virtudes de su vecino humano.

Este tipo también entiende que el soborno es una realidad sumamente económica, comunitaria y moral; es una forma de violencia. Por lo tanto, él renuncia la muy real oportunidad de emplear sus recursos en perjuicio del pobre e inocente que no goza de los mismos.

Es una persona que actúa no meramente con generosidad, sino con inteligencia económica y moral.

 En una nación poblada de tales personas, el soborno pasaría a ser una reliquia del pasado, recordada pero ya no practicada.

 

Tres: su futuro

Este salmo concluye con una declaración contundente sobre lo que la persona que vive con este grado de integridad puede anticipar en la vida … y quizás aun más allá de su vida.

La NVI nos da una traducción bastante parafraseada:

El que así actúa no caerá jamás.

Confieso que me gusta más una presentación más literal:

El que hace estas cosas no será movido.

No será movido.

Imagínate.

Los que conocen el dialecto de los salmos entenderán que no se trata de una promesa absoluta que afirme que esta persona íntegra será intachable … que los accidentes de tránsito y las enfermedades mortales y los actos absurdos de violencia que tanto sufrimiento nos causan … jamás la tocarán.

Pero es una promesa de que la persona íntegra puede vivir con confianza, con libertad, con gozo. Puede olvidarse de sí mismo para invertirse en su comunidad.

Puede salirse de los círculos viciosos de medias verdades … mentiras interesadas … la venta del honor de uno … de las mil y una ansiedades que acompañan tal ausencia de integridad.

Puede salirse al aire libre, donde el Señor está cerca y la comunidad al lado.

Imagínate una Colombia poblada por semejantes hombres y mujeres. Imagínate que, cuando se suelta la pregunta …

¿Quién, SEÑOR, puede habitar en tu santuario?

¿Quién puede vivir en tu santo monte?

… podemos mirar a cada lado y decir, ‘Pues, este … y aquella … y nosotros.’

Y luego salimos a bendecir nuestra Colombia con la plena confianza de aquellos que saben que …

No seremos movidos.

 

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