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Archive for March, 2017

It would be wrong to say that the structures and patterns of cult and liturgy lack value in the legacy of a biblical prophet like Isaiah. In fact, some of the prophet’s most stirring expressions of YHWH’s redemption of Israel promise the shocking inclusion into worship of people like foreigners and the badly mutilated, who were conventionally excluded.

Yet in the book’s final paragraph YHWH seems entirely unimpressed by, say, a temple constructed for his repose. He could make for himself a thousand of these if the whimsy struck him.

Thus says the Lord: ‘Heaven is my throne, and the earth is my footstool; what is the house that you would build for me, and what is the place of my rest? All these things my hand has made, and so all these things came to be, declares the Lord. But this is the one to whom I will look: he who is humble and contrite in spirit and trembles at my word.’ (Isaiah 66:1–2 ESV)

Whenever Isaiah assaults religion and its liturgical observance, he does so for one of two reasons. Either the prophet declares ritual performance useless in the absence of an ethic worthy of YHWH’s people. Or he is by contrast elevating something that is of still greater value than cultic observance, as welcome a thing as the latter might be.

Here Isaiah’s emphasis falls on the second of these motivations.

Limitless and unmeasurable as YHWH is, his acutely focused attention falls on one small detail amid the swirling twin dramas of creation and Israelite nationhood: he who is humble and contrite in spirit and trembles at my word.

When one steps back, takes a deep hermeneutical breath, and considers the claim that is made here, it is simply astonishing.

This humble person, this broken spirit, this trembling listener may be found inside Jerusalem’s temple but is at least as likely to lean painfully against a wall, hungry and alone in some distant corner of the city. Whatever is his location, YHWH’s attention bypasses the magnificences of temple and cult to take this small figure into his gaze, needy of a word,  spirit ground down, unimpressive in every way.

Except that YHWH, in divine fascination, can scarcely avert his gaze.

 

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The brilliant tale of Judah’s national resurrection in the Book of Isaiah’s sixtieth chapter is populated with glimpses of the nations’ contribution to Jerusalem’s beautification.

It seems that distant nations streaming to glorified Zion carry with then not only Jerusalem’s long-lost children as these come finally home. As remote peoples ‘come to (Zion’s) light and kings to the brightness of (Zion’s) shining’, they also bring with them the richest product of their culture and economy. They import into the now glorified city the ‘abundance of the sea’ (המון ים) and the ‘wealth of the nations’ (חיל גוים), even the representative ‘glory of Lebanon’ (כבוד הלבנון).

Whatever the ratio of willingness to obligation that we should perceive in the motivation of these pilgrimage-making nations and islands, whose ‘coastlands hope for (YHWH)’, the fact is that the best of who they are and what they produce is crucial to the fantastic beautification of the now joy-filled city of Zion. My own sense is that the nations’ participation is mostly willing and enthusiastic. Zion is become a world city, in fact the world city.

The repurposing of the city’s gates stands out poignantly at the core of the prophet’s depiction.

City gates have a filtering purpose. They are opened up when the forthright defensive purpose of the gates and the city walls whose perimeter they briefly interrupt is not required. Yet the opening of the gates is transparently an interruption of what walls do, an exception to their crucial purpose of defense and exclusion.

As Zion is glorified, defensive need declines almost to the vanishing point. The gates are flung open day and night, for threat (along with darkness and mourning) has disappeared. The gates have been repurposed.

 

Your gates shall be open continually; day and night they shall not be shut, that people may bring to you the wealth of the nations, with their kings led in procession. (Isaiah 60:11 ESV)

As YHWH’s momentary wrath gives way to his restorative mercy upon Judah (v. 10) and the city’s desolation cedes to the murmurs and shouts of happy crowds, the space occupied by gates loses its reason for being. Unless, that is, its artificial barriers are eradicated and the influx of the city’s former despisers—having themselves experienced a repurposing—are waved in with their heavy, glorious cargo.

 

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Al profeta Isaías no se le puede atribuir la franquicia del uso de la terminología ‘buscar  de  Dios, pero para él, es natural el uso de estas expresiones. Es un dialecto que este profeta habla como su lengua materna.

La cuestión tan facilmente se degrada en clichés piadosos y  sin sentido, por lo  que debemos apresurarnos a una inspección. Curiosamente, un oráculo contra Egipto puede ser el mejor lugar para comenzar.

Los egipcios quedarán desanimados y consultarán a los ídolos: a los espíritus de los muertos, a las pitonisas y a los agoreros, ¡pero yo frustraré sus planes! (Isaías 19:3 NVI)

De costumbre, las traducciónes al español utilizan el verbo consultar o buscar para representar la palabra hebrea דרש. Estas son traducciones adecuadas porque capturan la realidad que el sujeto está en la necesidad de alguna información o conocimiento que él espera adquirir de parte de  alguna fuente religiosa externa. Consultar y buscar funcionan bien hasta aquí.

Sin embargo, el discurso de Isaías implica un acercamiento asertivo, un impulso, incluso una necesidad desesperada que carece  tal traducción del  inglés. Curiosamente el verbo buscar, que en algunos círculos religiosos recae de manera perversa en lo esotérico, lo contemplativo y lo pasivo, parece mejor expresar la idea. Buscar  comienza a connotar que algo oculto es muy deseado y que se requiere energía de parte de los que lo necesitan si de hecho se ponen las manos sobre él.

Si este breve bosquejo de la traducción de בקש al español, ¿qué podemos decir del uso de este vocablo que Isaías realiza?

Antes de llegar a la clase de búsqueda que el profeta recomienda, debemos mirar las formas irónicas en que la búsqueda de la revelación es en realidad un ejercicio inútil. El discurso isaiánico refleja en la búsqueda de fuentes espirituales distintas a Yahweh confusión, incluso una estupidez moral, que es contradictoria de la verdadera sabiduría. En Isaías 19.3, que es representativa de este diagnóstico, consultar o buscar los ídolos, las sombras y los fantasmas y los espíritus familiares es algo que sucede debido a que los egipcios han llegado a ser drenados en espíritu y porque el Señor ha avergonzado sus planes. El sabio, el estable, el confiable no hacen este tipo de cosas. Las personas confundidas, como los egipcios condenados, por ejemplo, buscan la revelación religiosa de fuentes poco fiables.

Esto no es una sátira única. El libro de Isaías sostiene su crítica de este tipo particular de vida desorientada. Por desgracia, no son sólo los egipcios ignorantes los que caen presa de tal locura estúpida (véase, importantemente, Isaías 1.3). Israel/Judá encuentra también sufren el brillo de la luz del profeta, iluminando su comportamiento:

 Tal vez alguien les diga: «Preguntemos a los médiums y a los que consultan los espíritus de los muertos; con sus susurros y balbuceos nos dirán qué debemos hacer». Pero ¿acaso no deberá el pueblo pedirle a Dios que lo guíe? ¿Deberían los vivos buscar orientación de los muertos? (Isaías 8:19 N.V.I.; los verbos italicados representan  דרש, explicitamente o implicitamente).

Pues después de tanto castigo, el pueblo seguirá sin arrepentirse; no buscará al Señor de los Ejércitos Celestiales (Isaías 9:13 N.V.I.)

¡Qué aflicción les espera a los que buscan ayuda en Egipto, al confiar en sus caballos, en sus carros de guerra y en sus conductores;  al depender de la fuerza de ejércitos humanos en lugar de buscar ayuda en el Señor, el Santo de Israel! (Isaías 31: 1 N.V.I.).

Buscar en el lugar equivocado representa el fracaso despreciable de no enfrentarse con la realidad. El rehuso de buscar a YHWH probablemente viene a la misma cosa; es decir, en Isaías probablemente no denota abstenerse de cualquier buscar, sino más bien buscar de otras fuentes que no son la fuente verdadera y confiable (YHWH).

Si esta discusión bastante larga sobre la negación de buscar bien sirve como una introducción adecuada al uso de Isaías del dialecto de buscar, pasemos a lo que este profete entiende por buscar bien. Como era de esperar, la respuesta es a la vez matizada y variada. Estamos, después de todo, leyendo e libro de Isaías, donde las cosas son sólo ocasionalmente complicadas, y casi siempre complejas.

En primer lugar, descubrimos que la búsqueda de la justicia se presenta ante nosotros como casi un sinónimo de la búsqueda de YHWH.

Cuando levanten las manos para orar, no miraré; aunque hagan muchas oraciones, no escucharé, porque tienen las manos cubiertas con la sangre de víctimas inocentes. ¡Lávense y queden limpios! Quiten sus pecados de mi vista. Abandonen sus caminos malvados. Aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia y ayuden a los oprimidos. Defiendan la causa de los huérfanos  y luchen por los derechos de las viudas (Isaías 1:15-17 N.V.I.).

Dios establecerá como rey a uno de los descendientes de David. Él reinará con misericordia y verdad; hará “buscará justicia” (traducción libre) siempre lo que es justo  y estará deseoso de hacer lo correcto (Isaías 16:5 N.V.I.).

De hecho, parece que se reconoce explícitamente que uno puede fingir buscar a YHWH, pasando por los movimientos religiosos sin preocuparse por la pasión y preocupación de YHWH por la justicia. No debemos pasar por alto que Isaías 58.2 juega sarcásticamente sobre dos actividades religiosas venerables: buscar a YHWH y deleitarse en sus caminos. Estas actividades son imprescindibles cuando ocurren en el contexto de vidas alineadas con los propósitos más amplios de YHWH. Pero son una abominación cuando están por su cuenta como una religiosidad superficial que ha perdido su norte.

Con todo me buscan día tras día y se deleitan en conocer mis caminos, como nación que hubiera hecho justicia, y no hubiera abandonado la ley de su Dios. Me piden juicios justos, se deleitan en la cercanía de Dios. (Isaías 58:2 LBLA).

Asombrosamente, Isaías no relega la acción de buscar correctamente a los márgenes esotéricos de la fe, sino que lo mantiene en el centro de las convicciones definitorias de la vida. Se puede argumentar que Isaías sostuvo que buscar justicia (משפט) es casi lo mismo que buscar a YHWH. El buscar de uno puede comenzar en el barrio o en la corte donde los privilegiados se alinean contra los indefensos pobres o en el templo en las oraciones de la mañana, pero todos estos para Isaías son cortes de la misma tela. La reducción de cualquiera de ellas a una simple actuación religiosa hace que YHWH se encuentre disgustado, cansado y enfermo.

Finalmente, cuando encontramos nuestro camino entre los textos isianicos que representan la búsqueda apropiada, encontramos que esta búsqueda puede ser mediada. Descubrimos también que la gracia divina parece alcanzar y finalmente superar la actividad humana de buscar a YHWH.

Con respecto a la mediación, el ‘libro de YHWH’ aparece de una manera que sugiere que la búsqueda es, por lo menos, multifacética. Aparentemente, uno puede encontrar en la práctica de leer o de escuchar, el camino hacia la revelación de YHWH.

Buscad en el libro del Señor, y leed: Ninguno de ellos faltará, ninguno carecerá de su compañera. Porque su boca lo ha mandado, y su Espíritu los ha reunido (Isaías 34:16).

Y entonces, tal vez como era de esperar de parte del lector que acumula una cierta intimidad con este libro, nos encontramos con que Israel/Judá y quizás aún aquellas naciones gentiles que responden no sólo buscan, sino que sean buscados por YHWH.

Acontecerá en aquel día que las naciones acudirán a la raíz de Isaí, que estará puesta como señal para los pueblos, y será gloriosa su morada (Isaías 11:10 N.V.I.).

Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca (Isaías 55:6).

Y  los llamarán: Pueblo Santo, redimidos del Señor. Y a ti te llamarán: Buscada, ciudad no abandonada (Isaías 62:12 N.V.I.).

Me dejé buscar por los que no preguntaban por mí; me dejé hallar por los que no me buscaban.  Dije: “Heme aquí, heme aquí”, a una nación que no invocaba mi nombre (Isaías 65:1 N.V.I.).

Sarón será pastizal para ovejas, y el valle de Acor para lugar de descanso de vacas, para mi pueblo que me busca (Isaías 65:10 N.V.I.).

Parece entonces que buscar a YHWH, para este profeta, significa atendeer y empujar después de los propósitos de una manera que excluye la revelación alternativa y abraza el cuidado de YHWH para el bienestar de la comunidad, especialmente para aquellos que resultan margenados por el ejercicio de la influencia y el poder. Es una actividad que se asocia fácilmente con las crisis de comunidad, aunque probablemente no exclusivamente. En el esfuerzo, uno descubre paradójicamente que buscar a YHWH es también descubrir que YHWH mismo ‘busca’ de una manera que relativiza los esfuerzos de Judá y nuestros esfuerzos por descubrir y vivir en su propósito.

 

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A veces un profeta sólo se alza sobre sus retóricas ‘patas traseras para rugir.’

Las siete preguntas retóricas del Libro de Isaías en su capítulo cincuenta y ocho parecen calificar como rugido profético.

TIEMPO FUERA: QUÉ ES UNA PREGUNTA RETORICA:

Una pregunta retórica se plantea para el efecto o para poner énfasis en algún punto discutido cuando no se espera respuesta real. Una pregunta retórica puede tener una respuesta obvia, pero el interrogador hace preguntas retóricas para poner énfasis en el punto. En la literatura, una pregunta retórica es evidente por sí misma y se utiliza para el estilo como un impresionante dispositivo persuasivo. En términos generales, se hace una pregunta retórica cuando el propio entrevistador ya conoce la respuesta o no se demanda realmente una respuesta. Por lo tanto, no se espera  una respuesta de la audiencia. Tal pregunta se utiliza para enfatizar un punto o llamar la atención de la audiencia.

Colocado en la boca del propio YHWH, esta línea asertiva de interrogación casi despoja las pretensiones de aquella liturgia que se realiza en la ausencia de la ética. Esta característica recurrente del testimonio profético de la Biblia no es un rechazo de la liturgia en sí. Más bien, considera la actividad religiosa como vana e incluso contraproducente cuando no se enreda en una vida de servicio de auto-negación con los seres humanos que rodean.

»¡Grita con toda tu fuerza, no te reprimas! Alza tu voz como trompeta. Denúnciale a mi pueblo sus rebeldías; sus pecados, a los descendientes de Jacob. Porque día tras día me buscan, y desean conocer mis caminos, como si fueran una nación que practicara la justicia, como si no hubieran abandonado  mis mandamientos. Me piden decisiones justas, y desean acercarse a mí,  y hasta me reclaman: ‘¿Para qué ayunamos, si no lo tomas en cuenta? ¿Para qué nos afligimos, si tú no lo notas?’ »Pero el día en que ustedes ayunan, hacen negocios y explotan a sus obreros. Ustedes solo ayunan para pelear y reñir, y darse puñetazos a mansalva. Si quieren que el cielo atienda sus ruegos, ¡ayunen, pero no como ahora lo hacen!  ¿Acaso el ayuno que he escogido es solo un día para que el hombre se mortifique? Y solo para que incline la cabeza como un junco, haga duelo y se cubra de ceniza? ¿A eso llaman ustedes día de ayuno  y el día aceptable al Señor?

»El ayuno que he escogido, ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda atadura? ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dejar de lado a tus semejantes? (Isaías 58: 1-7 N.V.I.).

Este pasaje requiere hacer un alto y detenernos para examinarlo con más precisión si queremos capturar bien su esencia. Así que vamos a paso lento….

Número uno, el  giro hacia la renovada crítica del pueblo de YHWH que inicia en el capítulo 56, después de las floridas promesas de restauración y renovación del capítulo 40 en adelante, ha llevado a la designación común de los capítulos 56-66 como ‘Tercer Isaías’ o ‘Trito-Isaías’.

Alguna nueva circunstancia parece justificar este tono de denuncia, que es a la vez viejo y nuevo. Es frecuente que los estudiantes de Isaías identifiquen esta nueva situación como la decepción y la frustración que surgió entre la comunidad del Regreso. Es decir, los exiliados judíos en Babilonia fueron alentados por los profetas del exilio a levantarse y a  regresar a Jerusalén/Sion, cuando YHWH les proporcionó la estupenda oportunidad imprevista de hacerlo. Cuando lo hicieron, estimulados por promesas proféticas extravagantes de vida nueva y vigor en su propia tierra, encontraron en YHWH igual a su promesa mientras regresaban a casa.

Entonces la fuerza de gravedad de la disensión comunal y la fragilidad humana se establecieron, atrayendo a la comunidad restaurada a los viejos hábitos, fracturando su unidad, y provocando a YHWH y a sus profetas a volver a un muy conocido denuncia que es muy severa.

Los párrafos anteriores describen un consenso que subyace en gran parte los estudios modernos en Isaías por investigadores que buscan las bases históricas de su retórica agitada. Por supuesto, hay alternativas para dar sentido a los textos que tenemos a mano.

Número dos,  Isaías es posiblemente el maestro del Antiguo Testamento en diagnosticar y diseccionar la hipocresía religiosa. Habiendo osado sugerir que tal comportamiento en el nombre de YHWH realmente provoca, cansa y enferma a YHWH, regresa en este capítulo a su astuta deconstrucción de él.

Yo uso tales superlativos con respecto a las habilidades de diagnóstico de Isaías en gran medida debido a la forma en que el profeta convierte lenguaje ‘positivo’ en fines satíricos.

¡Grita con toda tu fuerza, no te reprimas! Alza tu voz como trompeta. Denúnciale a mi pueblo sus rebeldías; sus pecados, a los descendientes de Jacob. Porque día tras día me buscan, y desean conocer mis caminos, como si fueran una nación  que practicara la justicia, como si no hubieran abandonado mis mandamientos. Me piden decisiones justas, y desean acercarse a mí…  (Isaías 58: 1-2 N.V.I.).

Dos cosas insisten ser mencionadas aquí. La primera es la cooptación del texto del lenguaje del anuncio que sirvió tan maravillosamente para presagiar la redención de Judá. Los comandos para clamar, no de contener, alzarla  voz como trompeta, para declarar a mi pueblo viene prestados, por así decirlo, de la magnífica imaginación del heraldo o de los heraldos de la redención que florece a partir del capítulo 40 en adelante.

Aquí, la importación de este clamor profético cambia de estímulo a reprensión. Si es imposible decir con certeza cuál de estos tonos es el original y lo que es una redistribución de él, el orden del texto tal como lo hacemos pone en primer lugar el reproche, el segundo aliento, y luego nos confronta con este nuevo retorno del idioma de agresivo del capítulo 56. Por todas partes, hay arte isaiánico, puesto al servicio del pueblo en su aventura hacia lo que se ha llamado el ‘destino final de Sion’.

Y entonces debemos tener en cuenta la sátira discreta del profeta en el segundo versículo del capítulo.

Porque día tras día me buscan, y desean conocer mis caminos, como si fueran una nación que practicara la justicia, como si no hubieran abandonado  mis mandamientos. Me piden decisiones justas,  y desean acercarse a mí… (Isaías 58: 2 N.V.I.).

Entre otros, destacan dos características. He intentado señalarlas, haciendo cursivas del lenguaje que las enfoca. El texto presenta a YHWH desarrollando dos ricos y hermosos verbos que son fragantes para la comunión íntima de Israel con su pueblo y viceversa en el mejor de los tiempos.

El primero de ellos consiste en el lenguaje de la búsqueda de YHWH (דרש את־יהוה).  Para buscarlo, en la literatura bíblica e incluso dentro de los límites del propio Isaías, es colocar a YHWH como el principal punto de referencia de uno y dedicar su energía para el logro de ese punto de referencia muy personal. Es encontrar en YHWH el propósito de uno, la orientación de uno, activar enérgicamente la presencia de adoración y vida de YHWH. Aquí, el profeta describe a la gente que busca a YHWH todos los días sin realmente buscarlo en absoluto. Es una revocación punzante del significado normal de la lengua y brilla una luz en la pantomima vacía del karaoke religioso.

El segundo, es el lenguaje de placer y deleite. Es una palabra que centra la pasión espiritual y la práctica sobre el afecto del corazón. En Isaías, Jehová quiere que su pueblo se deleite en él y sus caminos. Expresa su aborrecimiento cuando se deleitan en objeto alternativo de su afecto religioso, cosas que él llama ‘abominación’.

Aquí, las personas errantes de YHWH parecen deleitarse en sus caminos, y también  quieren acercarse a él. Sin embargo, todo es una charada.

En verdad, no quieren nada de eso porque les costaría estatus, riqueza y autodeterminación.

(Continuará…)

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Un apodo puede ejercer más impacto en la vida de la persona que es llamada de esta nueva forma que, por medio de la utilización del nombre de pila.

Tu nombre puede ser Rafael, pero si los compañeros de cancha te llaman Chino, este último dice más acerca de su persona que su nombre de pila.

Si has sido etiquetado despectivamente por algún hecho vergonzoso, de seguro utilizarán algún mote que hará recordar lo que eres o hiciste. Eso es como llevar colgada una letra escarlata que anuncia la penosa llegada. Afortunadamente, no todos los nombres dados por la vida son miserables. Algunos son gloriosos.

Pero ahora, Jacob, mi siervo, Israel, a quien he escogido, ¡escucha! Así dice el Señor, el que te hizo, el que te formó en el seno materno y te brinda su ayuda: ‘No temas, Jacob, mi siervo, Jesurún, a quien he escogido, que regaré con agua la tierra sedienta, y con arroyos el suelo seco; derramaré mi Espíritu sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus vástagos, y brotarán como hierba en un prado, como sauces junto a arroyos. Uno dirá: “Pertenezco al Señor”; otro llevará el nombre de Jacob, y otro escribirá en su mano: “Yo soy del Señor”, y tomará para sí el nombre de Israel.’ (Isaías 44:1-5 N.V.I.).

Este oráculo del ‘siervo’ lleva consigo continuidades que recurren desde el momento que por primera vez se habló de semejante ‘siervo del Señor’. En este capítulo, el sediento sendero por el desierto a Sion se vuelve regado y frondoso. El Espíritu de YHWH, que una canción del siervo anteriormente hizo descansar sobre el siervo, ahora está derramado sobre los descendientes del siervo.

Hay aún más desarrollo de la figura del siervo. El siervo es claramente identificado aquí como Jacob, como Israel el eligido y como Jeshurun amado (una identificación que se repite en el versículo 21). La identidad sigue siendo enigmática, pero ahora tenemos al menos esta ancla.

Es la extensión de la promesa restauradora a las generaciones venideras que provoca del profeta su poesía más brillante. Hablando de la descendencia que viene, brotarán entre la hierba como sauces por corrientes fluidas.

Y luego, este segundo nombramiento, este sondeo de la identidad más profunda, esta provisión de un agarre verbal para lo más nuevo, lo más espléndido, lo menos imaginable en el anochecer del cautiverio:

Uno dirá: ‘Pertenezco al Señor’; otro llevará el nombre de Jacob, y otro escribirá en su mano: ‘Yo soy del Señor’, y tomará para sí el nombre de Israel.

No es la última vez que el libro de Isaías y aquella promesa neotestamentaria que deriva su energía de ella hablará de un segundo nombre. Es simplemente el primer susurro de un renacimiento asombroso que sigue a raíz de la hazaña de la bondad tan poco imaginable de YHWH.

¿Cómo te llamas?

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El número cuatro de los cuatro ‘cantos del siervo’ es el más oscuro de todos.

 Así dice el Señor: «A la madre de ustedes, yo la repudié; ¿dónde está el acta de        divorcio? ¿A cuál de mis acreedores los he vendido? Por causa de sus iniquidades, fueron ustedes vendidos; por las transgresiones de ustedes fue despedida su madre. ¿Por qué no había nadie cuando vine? ¿Por qué nadie respondió cuando llamé? ¿Tan corta es mi mano que no puede rescatar? ¿Me falta acaso fuerza para liberarlos? Yo seco el mar con una simple reprensión, y convierto los ríos en desierto; por falta de agua sus peces se pudren y se mueren de sed. A los cielos los revisto de tinieblas  y los cubro de ceniza».

El Señor omnipotente me ha concedido tener una lengua instruida, para sostener con mi palabra al fatigado. Todas las mañanas me despierta, y también me despierta el oído, para que escuche como los discípulos. El Señor omnipotente me ha abierto los oídos, y no he sido rebelde ni me he vuelto atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que me arrancaban la barba; ante las burlas y los escupitajos no escondí mi rostro.

Por cuanto el Señor omnipotente me ayuda, no seré humillado. Por eso endurecí mi rostro como el pedernal, y sé que no seré avergonzado. Cercano está el que me justifica; ¿quién entonces contenderá conmigo? ¡Comparezcamos juntos! ¿Quién es mi acusador? ¡Que se me enfrente!

¡El Señor omnipotente es quien me ayuda! ¿Quién me condenará? Todos ellos se gastarán; como a la ropa, la polilla se los comerá.

¿Quién entre ustedes teme al Señor y obedece la voz de su siervo? Aunque camine en la      oscuridad,  y sin un rayo de luz, que confíe en el nombre del Señor y dependa de su Dios.

Pero ustedes que encienden fuegos  y preparan antorchas encendidas, caminen a la luz de su propio fuego  y de las antorchas que han encendido. Esto es lo que ustedes recibirán de mi mano: en medio de tormentos quedarán tendidos (N.V.I.).

Podemos destacar dos aspectos  importantes—o  conectores—los cuales evidencian cómo esta ‘canción’ toma su lugar como un elemente que se dirige al dilema de Israel/Judá.

En primer lugar, el texto continúa su fascinación reiterada con ‘el fatigado’, aunque el referente al que se añade esta descripción, bien puede variar. Aquí  el siervo declara que YHWH le ha provisionado de una capacidad de hablar, para poder ‘sostener con mi palabra al fatigado’.

Esto añade ambas luz y sombras a la cuestione de identidad, ya que evidentemente son los cautivos judaítas que han de ser liberados del agotamiento o, mejor dicho, restaurado y renovados  para que no sea la fatiga que les establezca su identidad. Aquí, el mismo siervo, recién identificado como Jacob/Israel, parece estar fuera de la experiencia de este remanente; el siervo le habla vida y vigor. En esta canción, el texto admite que el agotamiento toca la vida de la gente. Sin embargo, la palabra del siervo sostiene al desfallecido para que él o ellos no sucumban.

Segundo, existe una conexión adicional con la experiencia de Judá/Israel, en la misma dimensión que una fotografía corresponde con su negativo. Por ejemplo, el famoso encargo del profeta en el capítulo seis, contempla tanto el ensordecedor judicial como el cegamiento punitivo del pueblo. Habiendo elegido no tomar conocimiento y entendimiento, ahora se entregan a la extremidad de su lógica elegida. El profeta está encargado de llevar a cabo ese juicio.

Aquí, sin embargo, el siervo declara que ‘mañana por la mañana (YHWH) despierta, despierta mi oído para que oiga como los que son enseñados ‘. ¡El contraste es casi sorprendente!  YHWH fue el agente causante de la pérdida de auditiva del pueblo. Aquí, por contraste, YHWH capacita a su siervo, para que escuche y aprenda.

Detalles adicionales de la auto-definición del siervo continúan esta relación divergente con el pueblo, tal como los hemos conocido en los pasajes condenatorios que se multiplican en la primera parte del libro. La siguiente afirmación merece especial atención:

No he sido rebelde  (מרה); ni me volví atrás (אחור לא נסוגתי).

El verbo hebreo utilizado de la negativa del siervo para rebelarse contra la dura comisión de YHWH (מרה), abunda en descripciones acerca de la rebeldía del pueblo. El siervo rechaza ser como ellos. El contraste yuxtapuesto no puede ser accidental.

Del mismo modo, las dos palabras claves en la declaración del siervo ni he vuelto (סוג) atrás  (אחור)’ convierte  en un sub-dialecto virtual de la rebelión a lo largo de la extensa aventura literaria de este libro. ‘Las personas pecadoras’, los idólatras, y— significativamente—la justicia misma, se vuelven atrás.

No así el siervo. El libro afirma que, muy a diferente de Israel/Judá, esta figura ni se rebela ni retrocede, pese al áspero camino que establece YHWH para él.

Al mismo tiempo, él habla una palabra refrescante y alentadora a los fatigados  entre el pueblo.

Veremos  evidencia de la proximidad íntima del siervo con el propio YHWH, como un aspecto de su ser y su llamado. Pero ya en las  ‘canciónes del siervo ‘, observamos—en el otro horizonte de su existencia—que él llega a ser y declara vida a un remanente cansado que está destinado a experimentar cosas mejores.

No obstante, tan cerca como esta identificación con la gente o algún subconjunto de esa gente, el siervo se niega a ser obstaculizado pese a la obstinada necedad que separa a Israel/Judá del Creador quien se convertiría en el Redentor de esa nación.

Una claridad progresiva y un enigma abundante, continúan fluyendo simultáneamente a través de la descripción que el libro aporta de esta figura desconcertante.

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Cuando pasamos por encima del umbral en  Isaías 42, nos encontramos por primera vez al enigmático ‘siervo del Señor’. Aunque para el lector de Isaías éste tiene una semejanza familiar. Esto debido a lo que se dice del siervo conlleva algunos ecos, pensamientos y un lenguaje particular que ha demostrado ser importantes para el libro a largo de los  cuarenta y un capítulos que nos conducen con este primer encuentro inmediato.

‘Hay algo acerca de él…’, se podría musitar. ‘¿He conocido a esta persona en alguna parte antes? ¿Me recuerda a alguien…?’

Este es mi siervo, a quien sostengo, mi escogido, en quien me deleito; sobre él he puesto mi Espíritu, y llevará justicia a las naciones. No clamará, ni gritará, ni alzará su voz por las calles. No acabará de romper la caña quebrada, ni apagará la mecha que apenas arde. Con fidelidad hará justicia; no vacilará ni se desanimará hasta implantar la justicia en la tierra. Las costas lejanas esperan su ley (Isaías 42: 1-4 N.V.I.).

Si hablo de ‘mi siervo’ (hebreo: עבדי) como individuo o como una persona, lo hago no para prejuzgar la cuestión de su identidad, sino para reflejar el propio tratamiento del texto. De las muchas cosas dadas a conocer acerca de este personaje desconcertante, permítanme exponer algunos puntos destacables en esta primera ‘presentación pública’.

Primero, el texto insiste en que YHWH sostiene al siervo. El siervo no sólo está facultado por YHWH; es que su misión se mantiene en gran parte porque es respaldado por la presencia de  YHWH. Veremos más detalles de ello en otro momento, pero sería un descuido imperdonable no mencionarlo aquí.

Segundo, el siervo es un agente de la justicia (hebreo: משפט), un tema con raíces profundas en el suelo isaiánico. Tres veces en este oráculo de cuatro versos, el tema vuelve a aparecer. Tal vez como resultado de la colocación de su espíritu sobre el siervo de YHWH, éste traerá justicia a las naciones. Luego, en un nuevo énfasis sorprendentemente acentuado, que fielmente (o ‘realmente’) traerá justicia. Y, por último, el vigor del siervo no será reducido hasta implantar la justicia en la tierra.

En tercer lugar, aparece en estos versos una doble aplicación exquisitamente isiánica de la terminología que comunica las nociones de contusionar y extinguir (una llama o una mecha). La primera afirmación considera aquellos que son débiles o comprometidos de alguna manera material. Siguiendo la afirmación de que el siervo no andará ruidosamente por las calles, el texto se vuelve a su tratamiento de los débiles:

No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que apenas arde.

Sin embargo, tan pronto como esta afirmación ha sido hecha, el texto corre a clarificar que la ternura descrita aquí, no refleja nada acerca de la propia debilidad del siervo. Repitiendo el mismo vocabulario hebreo para moretón (רצץ) y  desmayo (כהה) en orden inverso a su primera aparición, el oráculo afirma que:

Él no  se desmayará ni se desanimará hasta que haya establecido la justicia en la tierra. (Traducción libre).

El hecho de que la Versión Estándar Inglesa (ESV) varíe su traducción de . Por último, esta introducción del siervo puede alimentar el caso que Isaías contempla un lugar de bendición en lugar de una mera condenación por ‘las naciones’, incluso si esa bendición se encuentra por un camino que se abre paso a través de la caliente justicia de YHWH. Se dice que los litorales esperan o tienen esperanza en la justicia del siervo, que es precisamente la justicia de YHWH. Significativamente, esto coloca el viaje redentor de las naciones paralelo a la ruta dura y esperanzadora de Israel/Judá.

Así el ‘siervo del Señor’ de Isaías establece sus primeras impresiones. Este agente de la justicia divina, opera por la propia fuerza y la provisión de YHWH, infatigablemente extiende la justicia lejos y cerca sin rodar sobre los débiles y necesitados en el proceso.

El desarrollo del personajae del  siervo de Isaías apenas ha comenzado. Ya es rica, sugestiva, inquietante y sobre todo, desconcertante.

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