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Posts Tagged ‘Lucas’

]En Isaías 56, YHWH se acerca hasta donde la gramática hebrea permite a nombrarse a sí mismo con un nuevo nombre.

Así dice el Señor omnipotente, el que reúne a los desterrados de Israel: «Reuniré a mi pueblo con otros pueblos, además de los que ya he reunido». (Isaías 56:8 NVI).

De hecho, casi se podía leer el prefacio de la declaración de YHWH como…

YHWH, el Recolector de los desterrados de Israel, declara…

Dos cosas se destacan. Primero, en mi lectura, este impulso de recolección no se registra como uno enmarca un acontecimiento que ocurrió una vez y puede o no puede volver a ocurrir. Más bien, parece que la sintaxis presenta a esta reunión de las hijas e hijos errantes de Israel, como algo casi intrínseco a la personalidad de YHWH. No sólo los reúne. Él es su Recolector. Una y otra vez. (more…)

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Debió haber sido uno de los momentos más fascinantes de su vida.

Jesús, regresa de nuevo al pueblo galileo donde se crió, recibe el honor de proclamar en alta voz la lectura profética asignada a ese día. Se le presenta el capítulo sesenta y uno de Isaías, con todos sus pronombres enigmáticos.

Jesús realiza el acto con la debida solemnidad:

Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

Aún si la descripción de los hechos de este ungido de YHVH se asemeja a los hechos asombrosos de Jesús en su trato con los más necesitados de su pueblo, no se le habría ocurrido a nadie descubrir en él la alusión poética de Isaías, un ‘yo’ personificado, una insinuación que apuntase al predicador de Nazaret.

El texto del profeta perfila un personaje cuyas acciones alegrarán a los desconsolados, restaurarán a los caídos y regocijaran a los enlutados. El problema existe en que el texto se rehúsa a identificar a esa persona. Se crea un anhelo por lo que hará sin fomentar el quien es. Ante semejantes circunstancias, el texto yace como suelo fértil esperando la confluencia apropiada de elementos que le permitan germinar y crecer. Todo es posible, sin embargo, queda la interrogante de si realmente algo importante ocurrirá.

Jesús llena este vacío interpretativo con su sola presencia. El ‘yo’ de Isaías soy yo, pretende él sugerir. La crónica de este personaje redentor y restaurador tiene en él su referente.

Esta identificación resulta escandalosa debido a la simple cotidianidad del trato de Jesús con los suyos. Ante la grandeza del texto, Jesús queda pequeño ante los ojos de sus vecinos.

No reconocerían su error hasta exponerse al creciente gozo de ‘Sión’, ante la presencia e intervención del hijo de Nazaret prodigiosamente grande en el testimonio indiscutible que los cojos andan, los ciegos ven y los mudos cantan ruidosamente por las calles.

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Jesús estuvo en su propia casa en dos sentidos cuando lo descubrimos en su rol de protagonista en el cuarto capítulo del evangelio de Lucas.

La primera vez, después de la ardua prueba a la que fue sometido en la compañía del diablo en los desiertos de Judá, él vuelve a la aldea de su crianza:

Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito…

Aunque la historia de su retorno a Nazaret termina mal, estos momentos están saturados de satisfacción y familiaridad. (more…)

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