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Debió haber sido uno de los momentos más fascinantes de su vida.

Jesús, regresa de nuevo al pueblo galileo donde se crió, recibe el honor de proclamar en alta voz la lectura profética asignada a ese día. Se le presenta el capítulo sesenta y uno de Isaías, con todos sus pronombres enigmáticos.

Jesús realiza el acto con la debida solemnidad:

Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

Aún si la descripción de los hechos de este ungido de YHVH se asemeja a los hechos asombrosos de Jesús en su trato con los más necesitados de su pueblo, no se le habría ocurrido a nadie descubrir en él la alusión poética de Isaías, un ‘yo’ personificado, una insinuación que apuntase al predicador de Nazaret.

El texto del profeta perfila un personaje cuyas acciones alegrarán a los desconsolados, restaurarán a los caídos y regocijaran a los enlutados. El problema existe en que el texto se rehúsa a identificar a esa persona. Se crea un anhelo por lo que hará sin fomentar el quien es. Ante semejantes circunstancias, el texto yace como suelo fértil esperando la confluencia apropiada de elementos que le permitan germinar y crecer. Todo es posible, sin embargo, queda la interrogante de si realmente algo importante ocurrirá.

Jesús llena este vacío interpretativo con su sola presencia. El ‘yo’ de Isaías soy yo, pretende él sugerir. La crónica de este personaje redentor y restaurador tiene en él su referente.

Esta identificación resulta escandalosa debido a la simple cotidianidad del trato de Jesús con los suyos. Ante la grandeza del texto, Jesús queda pequeño ante los ojos de sus vecinos.

No reconocerían su error hasta exponerse al creciente gozo de ‘Sión’, ante la presencia e intervención del hijo de Nazaret prodigiosamente grande en el testimonio indiscutible que los cojos andan, los ciegos ven y los mudos cantan ruidosamente por las calles.

An economy and society motivated by unmitigated greed are unlikely to reflect YHWH’s intentions on earth.

There is no straight line from a statement like this to a concrete political philosophy. Among the variables figure prominently the mechanisms or means that are most promising as mitigators or orientors of greed. The self-interested vice is not soon to disappear. Any realistic set of political or economic notions must have a plan for managing it.

The Israelite legislation preserved in the book of Deuteronomy is persuaded that the proto-Israelites’ bitter experience of slavery in Egypt must exert a powerful influence upon the construction of a new life in the land that YHWH is about to place into the stewardship of the children of the fathers he has chosen. Continue Reading »

The most memorable dining experience of my life took place in Londrina, Brazil, among a party of twenty friends at one of that South American country’s famed churrascarías. The longing for a repeat performance has lingered in a modest, back-stage sort of way ever since.

With First Son home from his Seattle university, it seemed just the moment. Our party of four first sought out the somewhat budget-priced Brazilian Grill on the Circle City’s north side. FInding only indications that the Grill had gone out of business, I did what any self-respecting, red-meat-craving male with a car full of passengers would have done in my place: turned the Passat’s nose in the direction of downtown’s Fogo de Chao and pushed the pedal. Continue Reading »

No hay: Isaías 59

El capítulo 59 de Isaías es un extenso lamento sobre la situación precaria del pueblo del Retorno de Babilonia. Esta comunidad judía, reconstruida sobre las cenizas de Jerusalén, se estableció con grandes expectativas que se vieron fueron frustradas por el desenlace final que sufrieron.

Mostrando amplias conexiones con los salmos de lamento, los 21 versos de este capítulo ofrecen no solo una diagnosis de la situación, sino el origen mismo de su ruina, la poca fidelidad del pueblo.

De manera impactante, aparecen no menos de siete negaciones. Así se articula una retórica tendiente a detallar lo vacío de la experiencia de este pueblo. Si bien acostumbramos a definir las situaciones en términos de lo que existe, el profeta aquí demuestra que hay momentos cuando los vocablos más pertinentes identifican aquellos elementos que son ausentes

No hay quien clame por la justiciani quien juzgue por la verdad; confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben maldades, y dan a luz iniquidad … No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz … Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos … Gruñimos como osos todos nosotros, y gemimos lastimeramente como palomas; esperamos justicia, y no la hay; salvación, y se alejó de nosotros … Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho … Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia.

El uso insistente de la palabra hebrea de negación ‘eyn no es casual. Este monosílabo viene siendo la columna vertebral del pasaje en términos retóricos. Cada una de las ocho veces que esta palabra ocurre, insiste en que lo falta es justicia y agentes humanos que la declaren y la promuevan.

Ante el abismo de ausencia que el profeta perfila, la justicia habiendo huido y sin hombres que la restauren en el seno de la comunidad, no hay esperanza ni remedio. A menos que el pacto que YHVH estableció con los padres sea capaz de llenar este este vacío letal.

The book of Deuteronomy’s discourse on worship is so focussed on the requirement of offering cultic service exclusively in the place that YHWH will choose for his name to dwell that it is easy to overlook the joyful character of worship itself. Strict limitation, after all, does not usually evoke notions of gladness.

Yet enmeshed in the long, complex sentences about the sacrificial cult comes—recurrently—the observation that the people are to rejoice in its moment:

And you shall eat there in the presence of the LORD your God, you and your households together, rejoicing in all the undertakings in which the LORD your God has blessed youAnd you shall rejoice before the LORD your God, you together with your sons and your daughters, your male and female slaves, and the Levites who reside in your towns (since they have no allotment or inheritance with you) … these you shall eat in the presence of the LORD your God at the place that the LORD your God will choose, you together with your son and your daughter, your male and female slaves, and the Levites resident in your towns, rejoicing in the presence of the LORD your God in all your undertakings.

Cultic presentation and cultic feasting, in the view of this fifth book of Torah, are to be occasions for that lightness of heart that interrupts the wearying burden of ordinary cares as one seeks proximity to the Lord. Indeed, the precision with which Moses’ rhetoric in Deuteronomy guides the people away from the sexually charged cultic practices of ‘the nations’ and towards the centralized practice for which the book of Deuteronomy is rightly famous or notorious seems intended in part to safeguard the pristine purity of liturgical joy.

Not unexpectedly, the psalms take up this same topic of joyful proximity to YHWH, albeit somewhat divested of its cultic context. In the seventieth psalm, a poet so hard pressed that he is doomed unless YHWH quickens his pace and hurries to save him delivers himself of this literary dualism:

Let those be put to shame and confusion
who seek my life.
Let those be turned back and brought to dishonor
who desire to hurt me.
Let those who say, “Aha, Aha!”
turn back because of their shame.

Let all who seek you
rejoice and be glad in you.

Let those who love your salvation
say evermore, “God is great!”

In a literature that so hardily acquaints itself with all that is dark, that does not avert its gaze from life’s deep and persistent sorrow, it is remarkable to discover that where YHWH is, there joy is to be found.

Aquella sección del libro de Isaías que normalmente se define como los capítulos 56–66 expresa la gran desilusión resultante de no ver cumplidas las promesas de Dios.

Este texto enfatiza la irresponsabilidad de la comunidad del Retorno (después de 539 a.C.) como la triste consecuencia reflejada en una Jerusalén que no brilla con la justicia y gloria que le fueron prometidas.

En este panorama, se prescinde ‘del hombre justo’ con el fin de asegurar su propio bienestar. Al parecer, él no merece la decadente amargura de su generación. Continue Reading »

Moses’ valedictory addresses to the ‘children of Israel’ comprise the book of Deuteronomy, the so-called second law or second presentation of Torah in the Pentateuch (the five scrolls). Deuteronomy has its lawgiver burdened to recapitulate the calling to which YHWH has summoned his otherwise unremarkable tribes. This survey of the events that have led the gathered people to the place from which they will cross over the Jordan to possess the ‘inheritance’ that YHWH has reserved for them underscores both God’s fidelity to emerging Israel and their own jaw-dropping stubbornness.

That YHWH has not given up on this ‘stiff-necked’ people—a recurring and enduring description of self-interested myopia—is due in no small part to the intercessory exertions of Moses himself. The man has had to fight a war on two fronts. On the one hand, he cajoles his recalcitrant kin into managing their worst instincts in order to continue to ‘walk after YHWH’. On the other, he pleads repeatedly with the frustrated deity not to wipe them out and to create an entirely new ‘mighty nation’ out of Moses’ own favored loins. Continue Reading »

If triumphalism means the unabashed loss of self-critical capacity because God is on our side, then triumphalism is always a bad idea.

Yet there are moments, in history as in the more domesticated circles of our own spirituality, when memory’s joyous recall of triumphant events is entirely a sweet thing. The historical prologue of Deuteronomy’s covenant renewal dynamic dabbles in such evocation of past victory. Though stained with the blood of defeated peoples, the canvas of this ‘fifth book of Moses’ is not white-washed with chest-pounding nationalism. There is enough proto-Israelite failure in these lines to render any eventual son or daughter of that nation to rue the somber strains of its origin songs. Continue Reading »

Teresa de Ávila, fue una gran monja española, que se caracterizo por su vida de oración, y servicio en el siglo XVI. Se cuenta que cierto día viajando por una carreta tirada por bueyes, se cayó en un arroyo lodoso. Esa mujer devota y gentil, y fundadora de la orden de las carmelitas descalzas, ¡toda una institución!; se levantó del suelo mientras amenazó a Dios con el puño y a la vez exclamaba: “Si así tratas a tus amigos, con razón no tienes muchos”.

¿Nos escandaliza la libertad que se atribuye esta moja? En dado caso también debería chocarnos las palabras desafiantes de Moises en Éxodo 33:15. O ¿más bien nos recuerda las luchas que hemos tenido con Dios en algún determinado momento?

Lo cierto es que no son las amenazas insensatas de una persona atea; es la oración sincera y transparente de alguien que ha llegado a conocer a Dios a través de una relación personal y se atreve a llamarle: amigo.

La oración nos debe conducir a ésta misma afirmación, tal como lo declara Peterson (2006), cuando agrega:

No sólo podemos oír y entender a Dios al hablarnos, podemos hablarle, responder, conversar, discutir, cuestionar. Podemos orar, todo porque la oración es una ofrenda de nosotros mismos, tal como somos (p.105).

Si la oración es una ofrenda y un llamado a descubrir el corazón de Dios; comprenderemos que en ocasiones tendremos que quitarnos todos aquellos bagajes religiosos e ideas preconcebidas, y malos paradigmas, que en vez de ayudarnos a acercarnos a él, nos imposibilitan el acceso para conocerle tal como es él.

No le digas al Señor: ¿Por qué?, tienes que preguntarle: ¿Para que? Dichas afirmaciones muy presentes por lo general en nuestros contextos evangélicos, son un típico ejemplo de estas limitaciones que tienden a apuntarnos la libertad que Dios nos ofrece para acercarnos a él. Por momentos nos volvemos demasiados solemnes, respetuosos, hasta religiosos y terminamos más preocupados por el empleo adecuado de la gramática, la sintaxis, las palabras que, por desarrollar nuestra relación con el Señor. Recordemos nuevamente las palabras de Peterson: “Dios al hablarnos podemos hablar, responder, conversar, discutir, cuestionar”. Claro ejemplo de ello lo encontramos en los Salmos que son las oraciones, las quejas, las discusiones, los llantos, las acciones de gracia y las alabanzas de hombres en su relación con Dios. Entonces tanto el: “por qué”, como el: “para qué”, son importantes y necesarios en esta construcción personal con nuestro Creador.

Debo agregar que esta mujer siguió viviendo su vida recta y consagrada a Dios y murió a los 67 años. ¡No fulminada por un rayo! Como algunos hubiésemos esperado.

Bibliografía:

Peterson, Eugene, Eat This Book: a conversation in the art of spiritual reading (Grand Rapids: Eerdmans), 2006.

In our home, a morning without coffee is not anything like a day without sunshine. It’s more like a dark and terrifying nightmare that never ends with a soundtrack of Eagles tunes sung by the young Madonna (‘You can check out anytime you want but you can never, ever leave’).

Much, then, was my joy when the Good Wife determined that the semi-human gasping sounds that accompanied every morning’s brew time on my old coffee maker now justified the purchase of a replacement. Having done her homework, she tracked down a Cuisinart DCC-220 Brew Central 14-Cup Coffeemaker for a song at the local Macy’s. Continue Reading »