En el capítulo tres del libro llamado Isaías, YHVH amenaza con desmantelar a Jerusalén y Judá. Pero antes afirma que las desocupará. De hecho, los primeros versículos del oráculo despojan a la ciudad de todo lo que la constituye. Estos versículos, además de dejar claro su propósito, lo hacen en un contexto en el que la plenitud es un valor honrado e incluso axiomático:
Porque he aquí, el Señor, Dios de los ejércitos, quitará de Jerusalén y de Judá el sustento y el apoyo: todo sustento de pan y todo sustento de agua; al poderoso y al guerrero, al juez y al profeta, al adivino y al anciano, al capitán de cincuenta y al hombre respetable, al consejero, al diestro artífice y al hábil encantador.
Isaías 3.1–3 (LBLA)
El pasaje se esfuerza por sacar el máximo partido de la aliteración que consigue organizar en torno a la raíz משען. La inserción de interpretaciones vocalizadas de los cuatro casos en los que se utiliza esta raíz en una secuencia rápida puede servir para aclarar la cuestión:
Porque he aquí, el Señor, Dios de los ejércitos, quitará de Jerusalén y de Judá el sustento (מַשְׁעֶן, mash’en) y el apoyo (מַשְׁעֵנָה, mashenah): todo sustento de pan (מַשְׁעַן־לֶחֶם, mash’an lechem) y todo sustento de agua (מַשְׁעַן־מָיִם, mash’an mayim)—…
Isaías 3:1 (LBLA, Texto hebreo y trasliterado añadido)
El pronunciamiento performativo utiliza tres variaciones sobre un tema léxico. La tercera de ellas se repite, llenando así un solo versículo con cuatro referencias casi idénticas, aunque no del todo, a «sustento» y «apoyo».
La imagen total es un colapso de las estructuras y provisiones que sustentan la vida civilizada en Jerusalén y Judá. El profeta es recordado aquí como el proveedor de fuegos artificiales verbales. Su efecto debió de rozar la violencia.
El pasaje hará un pivote desde esta intensa metaforización hacia el nombramiento de categorías de las eminencias de Sión en los versículos 2 y 3. Pero antes de que el lector llegue allí, ya ha sentido que la ciudad cae en un sumidero que se ha abierto bajo sus calles, tragándose aquellos pilares eminentes y capaces sobre los que se ha apoyado.
Si la tradición de lectura masorética refleja una interpretación genuinamente antigua, entonces nos encontramos en este verso con un arte retórico de un tipo compacto y agudo que denuncia enérgicamente a una ciudad que el profeta cree que ha superado su propia capacidad de presunción.
Isaías ha construido la realidad a base de vocales. La gente debe haber recordado el momento en que lo oyó por primera vez.