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Posts Tagged ‘Isaías 4’

A pesar de su complejidad estructural, el Canto de la Viña del quinto capítulo del libro de Isaías se presenta con una formidable contundencia. Como parábola, es breve. Uno supone que el profeta condujo a sus oyentes por el camino de un cuento bien contado, para luego golpearlos en las entrañas con su carga condenatoria.

El propio YHWH, escenificado como el viñador, habla así:

¿Qué más se puede hacer por mi viña, 
que yo no haya hecho en ella? 
¿Por qué, cuando esperaba que produjera uvas buenas
produjo uvas silvestres?

Isaiah 5:4 (LBLA)

De hecho, una especie de indignante rabia impregna el material de la primera mitad del libro. Pocas veces en las Escrituras hebreas se retrata a YHVH con una indignación tan vulnerable y herida. Algunos de los primeros traductores de la obra, tal vez intuyendo que un sentimiento tan transparente era indigno de su deidad, utilizaron su prerrogativa de traductores y un aerógrafo verbal para retocar el material ofensivo y convertir a YHVH en un juez más augusto e impasible.

Sin embargo, para nosotros, lectores del libro hebreo de Isaías tal y como nos llega en una fina y moderna traducción, es necesario situarnos ante ese notable fenómeno que tradicionalmente se ha etiquetado como ‘la ira de Dios’. Fuera del interludio parabólico, el texto se refiere a él una y otra vez al afirmar en su narración de la depravación de Judá que ‘por todo esto su ira no se ha apartado, y su mano está todavía extendida’.

La mejor manera de entender esta furia celestial es en los términos en que el propio libro la presenta. Desde ese punto de vista, es la justa indignación de una deidad generosa ante un pueblo que ha despreciado de forma irracional y atroz toda apariencia de relación con su benefactor. Uno empieza a percibir, al menos dentro del ámbito del autor o autores del libro, lo razonable del dolor de YHVH.

Por otra parte, el libro enmarca la ira de YHVH dentro de una trama que subraya su agresiva y obstinada determinación de orientar las cosas hacia un fin mejor, de encontrar la reconciliación con este pueblo y de saturar su destino con esa plenitud de bienestar que llamamos bendición.

Por último, no cabe duda de que el libro es más displicente en cuanto al coste de la rebelión de un pueblo de lo que la sensibilidad moderna -adiestrada desde el seno materno para negarse a creer que algo importe tanto– puede aceptar cómodamente. En este libro, la ira de YHVH está destinada a crear víctimas sobre las que se expresan pocos remordimientos en el camino de la purga de un remanente que vivirá en su planeada bendición. Nosotros nos apartamos de tal finalidad, pues creemos, entre nuestras muchas suposiciones, que la reputación de ningún dios importa tanto y que las personas deben estar apartadas a cualquier precio del sufrimiento, especialmente cuando éste es judicial o retributivo.

Una utilidad de este gran libro podría ser la de preguntarnos por qué creemos tales cosas. En un momento en el que hemos aprendido a reconocer los motivos y el poder que hay detrás de todo pensamiento y acción, estos podrían ser temas dignos de nuestra inspección cuando respondemos o reaccionamos a la ‘ira de Dios’ que Isaías nos presenta con un consuelo implacable.

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Si hay algún pasaje en todo el enorme volumen de Isaías que capture con mayor precisión la trayectoria del libro que su cuarto capítulo, es difícil imaginar cuál sería dicho pasaje.

Aquel día el Renuevo del Señor será hermoso y lleno de gloria, y el fruto de la tierra será el orgullo y adorno de los sobrevivientes de Israel. Y acontecerá que el que sea dejado en Sión y el que quede en Jerusalén será llamado santo: todos los que estén inscritos para vivir en Jerusalén. Cuando el Señor haya lavado la inmundicia de las hijas de Sión y haya limpiado la sangre derramada de en medio de Jerusalén con el espíritu del juicio y el espíritu abrasador, entonces el Señor creará sobre todo lugar del monte Sión y sobre sus asambleas, una nube durante el día, o sea humo, y un resplandor de llamas de fuego por la noche; porque sobre toda la gloria habrá un dosel;será un cobertizo para dar sombra contra el calor del día, y refugio y protección contra la tormenta y la lluvia.

Isaías 4:2-6 (LBLA)

El breve oráculo se refiere a la suciedad de Sión y a las manchas de sangre de Jerusalén sin permitir que este escrutinio eclipse la belleza y la gloria que serán suyas.

La clave para entender cómo puede mantenerse esta paradoja se encuentra en el núcleo de esta breve declaración profética. Pocas veces un futuro perfecto se presenta con más consecuencias:

… cuando el Señor haya lavado la inmundicia de las hijas de Sión y haya limpiado la sangre derramada de en medio de Jerusalén con el espíritu del juicio y el espíritu abrasador.

Isaías 4:4 (LBLA)

Aquí es donde el drama del colapso y el renacimiento se pone al rojo vivo. Las grandes expectativas de YHVH para su pueblo son un futuro en el que insistirá con el mayor celo redentor. Sin embargo, Sión no alcanzará su destino final sin la limpieza ardiente que es el juicio de YHVH. No hay otra forma de llegar allí desde aquí.

El hebreo משׁפט requiere en cada caso que el traductor elija ‘justicia’ o ‘juicio’. El matiz es importante cada vez que hay que tomar una decisión, y hasta cierto punto esta necesidad lingüística oculta un hecho crucial: Sión sólo estará llena de justicia cuando haya sobrevivido a la plenitud del juicio.

Para el estudiante de este enorme rollo, casi puede decirse que el capítulo cuarto dice todo lo que hay que decir. El resto son comentarios.

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