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Posts Tagged ‘Salmo 98’

Hay algo en la justicia de YHVH que deja de lado el decoro y hace que los hombres adultos griten como si estuvieran locos.

Cuando una persona o una comunidad ha anhelado que se haga justicia, se ha(n) familiarizado con la agria bilis del anhelo, se ha(n) preguntado más de una vez si es en vano esperar más tiempo cuando a nadie parece importarle, entonces el correcto decoro no importa mucho. Cuando YHVH (¡finalmente!) extiende su brazo para humillar a los arrogantes y elevar a los humildes, lo contrario no se recibe con liturgias silenciosamente masculladas y camisas pulcramente planchadas.

Por el contrario, la ropa se empapa de sudor cuando la alabanza brota de los pulmones y las piernas de mujeres y hombres que nunca pensaron que vivirían para ver el momento.

Incluso la conocida cadencia del tradicional “aclamad con júbilo una bulla” se estremece al captar el grito crudo y gutural de ello. La paleta musical de Igor Stravinsky es quizá la que más se acerca a captar la belleza cacofónica de la alabanza que estalla, que aclama; de los cánticos que estallan, de los mares que rugen tan fuerte e imprevisiblemente que todo lo conocido y estable se tambalea peligrosamente ante su furia desenfrenada y su júbilo:

Aclamad con júbilo al Señor, toda la tierra;
prorrumpid y cantad con gozo, cantad alabanzas.
Cantad alabanzas al Señor con la lira,
con la lira y al son de la melodía.
Con trompetas y sonido de cuerno,
dad voces ante el Rey, el Señor.

Ruja el mar y cuanto contiene,
el mundo y los que en él habitan.
Batan palmas los ríos;
a una canten jubilosos los montes
delante del Señor, pues viene a juzgar la tierra;
Él juzgará al mundo con justicia,
y a los pueblos con equidad.

Salmo 98:4-9 (LBLA)

Las personas que han sentido que su centro de gravedad se inclina mortalmente hacia el abismo, aquellos cuyo cuello se ha encogido hacia atrás mientras sus fosas nasales -sin quererlo- respiraban el hedor de la muerte, esas personas no tienen tiempo para los ritmos medidos de lo seguro y lo santo.

La tierra y el mar se convierten en su aliado, al menos en la poesía del salmista y el anhelo del corazón mientras aclaman. Baila. Salta. Ruge.

YHVH no está dormido, después de todo. La suma de nuestros temores, resulta ser un error de cálculo colosal. Las oraciones silenciosas esperarán. ¡Aclamen!

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