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Posts Tagged ‘Salmo 111’

La sabiduría bíblica insiste en que la vida es un aula de clases. Aquellos que la viven mejor se involucran en la vida como sus estudiantes.

La lógica de este enfoque de vivir la vida como una experiencia de aprendizaje supone que el camino de las cosas no es inmediatamente evidente. El perezoso y el distraído no le sacarán provecho.

Las cosas que valen la pena requieren un escrutinio prolongado. Las circunstancias y los fenómenos no renuncian rápidamente a su verdad. Lo mejor de la realidad se cocina a fuego lento. El cocinero paciente -y sus seres queridos- disfruta de la comida más rica.

Grandes son las obras del Señor, buscadas por todos los que se deleitan en ellas.

Salmo 111:2 (LBLA)

La primera mitad del verso del salmista podría hacernos anticipar un poco con bombos y platillos en la segunda. Las obras de YHVH son grandes. Uno espera un poco de grandilocuencia, unos fuegos artificiales doxológicos quizás, una música muy fuerte. Anticipamos que el mejor material del Señor, por así decirlo, iluminará los ojos y aguzará los oídos incluso de los más distraídos y lentos. Los transeúntes escucharán el bajo retumbante de nuestra adoración, entrarán y se asombrarán.

Pero este no es el objetivo del poeta.

Por el contrario, las obras de YHVH son tan grandes que piden a gritos una mayor indagación por parte de aquellos cuya pasión despiertan, aquellos que quieren saber más, aquellos que se preocupan lo suficiente como para recorrer el largo camino de la comprensión

Las grandes obras de YHVH son estudiadas por todos los que se deleitan en ellas.

Lo grande no siempre es ruidoso. Lo grande casi nunca es rápido.

Lo grande perdura, seduce, informa y deleita durante toda la vida a los que estudian y persiguen la verdad que las grandes obras esconden bajo su mano.

Nuestra cultura nos entrena para esperar un resumen ejecutivo. La sabiduría bíblica nos pide que leamos todo el libro. Lentamente, volviendo sobre algunas páginas para una segunda y tercera pasada. Garabateando en los márgenes.

Con el tiempo, el judaísmo primitivo acuñó la palabra midrás para denominar ese detenimiento en las cosas importantes que nos recomienda el salmista. La palabra deriva del verbo darás -se puede ver en las consonantes-, las mismas sílabas empleadas por el poeta cuando describe el corazón deleitado estudiando las grandes obras de YHVH.

La vida no nos ofrece ningún sustituto para el aprendizaje paciente, para abordar la vida como un aula de clases, para rechazar la comida rápida en favor del gran y lento plato de la consideración.

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