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Posts Tagged ‘Isaías 51’

Rara vez el libro llamado Isaías se permite hacer retrospectiva. Especialmente en la segunda mitad del libro, la evocación operativa es a cantar una nueva canción, a olvidar las cosas pasadas, a abrazar la inclinación de YHVH a hacer algo sorprendentemente nuevo.

Desde este punto de vista, la primera sección del capítulo 51 del libro hace que el lector enarque una ceja.

Escuchadme , vosotros que seguís la justicia, los que buscáis al Señor. 

Mirad la roca de donde fuisteis tallados, y la cantera de donde fuisteis excavados.

Mirad a Abraham, vuestro padre, y a Sara, que os dio a luz; cuando él era uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué.

Isaías 51.1-2 (LBLA)

Esta cadena de tres imperativos es manifiestamente retrospectiva, aunque sería erróneo calificarla de nostálgica.

Debe haber algo en “Abraham, vuestro padre, y… Sara, que os dio a luz” que eleva a la pareja ancestral como digna de la contemplación de la comunidad exílica. De hecho, el texto inmediato señala dónde reside esa virtud y el contexto adorna aún más la alusión.

En primer lugar, el texto de estos dos versículos da todos los indicios de aludir al famoso llamamiento de Abraham, con su promesa de una progenie notablemente multiplicada.

Y el Señor dijo a Abram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.

Génesis 12.1-3 (LBLA)

Además de nombrar a Abraham y Sara, el texto de Isaías recoge la noción de bendición (ברכה y ברך verbal). Además, ambos textos enfatizan la dimensión de la multiplicación hacia la inmensidad. En el Génesis, esta noción se manifiesta como promesa: “Haré de ti una gran nación” (ואעשׁך לגוי גדול) y “y engrandeceré tu nombre” (ואגדלה שׁמך). En el texto alusivo de Isaías, el lenguaje es ligeramente diferente:

…cuando él era uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué.

Isaías 51.2 (LBLA)

Se descubre, pues, en ambos textos la noción de bendición hacia la inmensidad.

Hasta aquí los evidentes vínculos textuales que hacen de Isaías 51:1-2 un eco recontextualizado de Génesis 12:1-3.

Sin embargo, el motivo abrahámico no ha concluido todavía. En manos de la interpretación isaística de la difícil situación de los exiliados, hay más que decir.

La insistencia clara e inmediata es que YHVH sigue siendo capaz de multiplicar a su pueblo mediante la bendición hacia la inmensidad. Lo que se hizo realidad con Abraham y Sara representa una invitación para que los exiliados confíen en la intención de YHVH de multiplicarlos de manera similar.

Sin embargo, es sorprendente que los versículos siguientes estén repletos de referencias a la noción paradójica, pero intensamente isaística, de subyugar a las naciones en interés propio de esos pueblos.

Prestadme atención, pueblo mío, y oídme, nación mía; porque de mí saldrá una ley, y estableceré mi justicia para luz de los pueblos.

Cerca está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos; por mí esperan las costas, y en mi brazo ponen su esperanza.

Isaías 51.4-5 (LBLA)

Parece, pues, que este libro orientado hacia el futuro considera que Abraham y Sara son objetos dignos de una reflexión retrospectiva. Esto es así precisamente porque en la experiencia del patriarca y la matriarca icónicos se discierne el propósito de YHVH de bendecir a su pueblo hacia la inmensidad de un modo que tiene implicaciones globales para aquellas naciones que se encuentran unidas al pequeño pueblo de YHVH. 

Si la tradición isaística consiste en que los profetas del exilio desentrañen el significado del depósito profético que se ha convertido en su tesoro y también en conjurar el concepto estimulante de un inminente Nuevo Éxodo, también es cierto que la tradición puede remontarse aún más atrás en la larga memoria de Israel. Cuando lo hace, se convierte en un llamamiento a confiar en que la obstinada insistencia de YHVH en bendecir no sólo a Abraham y Sara, sino también a las naciones que los mirarán con buenos ojos, ha sobrevivido a la tormenta del exilio.

En manos de los intérpretes de Isaías, la retrospectiva se convierte en perspectiva y el recuerdo, en instrucción.

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¡Toma riesgos…!

Una reflexión devocional compartida en el Seminario Bíblico de Colombia

Oración @ Lunes: 26 julio 2021

¿En qué espíritu oramos? ¿En qué postura oramos? ¿Con cuál actitud oramos?

Me parece que casi podríamos substituir la palabra ‘vivimos’ por ‘oramos’, pues nuestras oraciones son un elemento intégral de la vida. Son parte de en lugar de un escape de.

Y si nuestras respuestas a estas inquietudes reflejan el espíritu en que vivimos, la postura en la que vivimos, la actitud con la cual vivimos, pues, la pregunta que suelto va más allá de lo exclusivamente litúrgico y alcanza lo existencial:

¿En qué postura vivimos?

Confieso que esta reflexión reciente de mi parte tiene su génesis en un momento de molestia. En estos días me he vuelto más consciente de que las palabras de despedida comunes y corrientes con las que concluimos una conversación en mi país de origen son estas: ‘Be safe…’ Las voy a traducir como ‘Cuídate’, aunque los que entienden los dos idiomas que compartimos ustedes y yo sabrán que ‘Cuídate’ no es una traducción literal de Be safe. Pero tampoco traiciona la idea al traducirla.

‘Be safe…’ … ‘Cuídate’.

Supongo que un alma más benigna que la mía consideraría que estas palabras son bonitas expresiones de afecto y de buenos deseos. Y, sin duda, lo son. Aun yo puedo reconocer la veracidad de esta evaluación más generosa de los hechos.

Pero a la vez, me parece que una cultura cuya máxima expresión de buenos deseos a la conclusión de una conversación es que nada peligroso le afecte al compañero—Be safe…—es una cultura empobrecida.

Mientras me permito semejantes oscuras y pesimistas reflexiones sobre la cultura en que nací, mi lectura diaria del libro de Isaías me lleva al capítulo 51. Leo para nuestra contemplación un trozo de este pasaje, que aparece en esa sección del libro donde la voz profética labora a todo volumen y con todo instrumento retórico que está a su alcance. Su intención es, convencer a los exiliados en Babilonia a que se atrevan a dejar lo más o menos cómodo para arriesgar la gran aventura de volver a Judá … de caminar con Yahvé en sentido de un futuro desconocido que sí vale la pena y los esfuerzos que esta vida requiere. 

Uno capta en tales líneas que la vida de los redimidos es toda una aventura en presencia de un Dios Guerrero que posee sueños grandísimos:

51.9   ¡Despierta, brazo del SEÑOR!

¡Despierta y vístete de fuerza!

Despierta, como en los días pasados,

como en las generaciones de antaño.

¿No fuiste tú el que despedazó a Rahab,

el que traspasó a ese monstruo marino?

10 ¿No fuiste tú el que secó el mar,

esas aguas del gran abismo?

¿El que en las profundidades del mar hizo un camino

para que por él pasaran los redimidos?

11 Volverán los rescatados del SEÑOR,

y entrarán en Sión con cánticos de júbilo;

su corona será el gozo eterno.

Se llenarán de regocijo y alegría,

y se apartarán de ellos el dolor y los gemidos.

Isaías 51.9-11

No acepto que un pueblo que escucha, atiende y canoniza tales palabras reduzca sus mejores deseos para el compañero de camino a Be safe

A la luz de pasajes como este, ‘Cuídate’ o ‘Be safe’ parece ser la ofrenda final de una cultura exhausta y sin sueños santos … muy lejos de aquella solidaridad vigorizante con Dios y con la comunidad que es el alimento de los peregrinos.

Confieso que este perspectiva que se posesiona de mí en estas semanas es un poco cruel. No le sobra empatía, eso es evidente. Es demandarle más a una sencilla despedida de lo que uno debería de exigir.

Sin embargo, en ese mismo espíritu crítico y para efectos de nuestra reflexión pre-oración esta mañana, sugiero una alternativa:

Hagamos el experimento, aun solo por un día, de despedirnos con palabras como estas: ’Sé valiente.’ ’Sufra con nobleza’. ‘Sea atrevido’; o, mi preferido, ’Toma riesgos’.

Creo que estas despedidas alternas honrarían con mayor integridad al Dios que ’seca el mar’, que ‘despedaza a Rahab’, que ‘en la profundidades del mar hace un camino para que por él pasen los redimidos’.

Y si fuéramos a vivir así, por supuesto oraríamos con ese mismo apetito por el peligro, por el riesgo, por las grandes aventuras a las cuales Yahvé nos convoca.

Concluyo estos pensamientos, entonces, con esta despedida que de una vez nos prepara para orar:

Tomen riesgos…

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