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Posts Tagged ‘Salmo 99’

En el contexto bíblico, el amor a Dios está lejos de ser un sentimentalismo. Uno se apega a YHVH, lo adora, encuentra su propia historia como un subconjunto del compromiso aventurero de YHVH con el mundo por razones que sólo están remotamente relacionadas con el sentimiento y lo que en algunos círculos podría llamarse ardor religioso.

Estas cosas tienen su lugar. De manera memorable, el prototípico rey David danza semidesnudo alrededor del principal mobiliario de YHVH mientras hace su recorrido hacia el lugar de Sión al que un día parece haber pertenecido siempre. Cuando se le critica por su falta de decoro, David responde que ‘se volverá aún más indigno que esto’. Sin embargo, lo que importa en el relato bíblico no es la fuerza de los afectos religiosos. Están bien cuando responden con precisión a la obra de YHVH en su mundo. Pero están lejos de ser una causa.

Por el contrario, Israel aprendió a amar a YHVH -de hecho, la mayoría de las reconstrucciones de su historia dirían que primero amó a YHVH- porque los había liberado del punto fijo inamovible de la esclavitud imperial. La fe de Israel es una promesa de lealtad a una deidad que interviene personal y repetidamente en los asuntos para crear libertad a partir de la servidumbre, para abrir espacios estrechos y llevar a los hijos e hijas a espacios amplios.

Resulta que YHVH es, ante todo, un dios que practica la justicia liberadora, una y otra vez. Incluso YHVH-como Creador -el tema brillante que subyace en los venerados pasajes del Génesis, los Salmos y el libro de Isaías- suele verse como una reflexión tardía sobre los extremos cósmicos de las proezas de YHVH. Un pueblo lo suficientemente innovador o despistado como para desafiar el cerrojo del mito cananeo de la naturaleza cíclica, al reubicar aspectos de la adoración que surgen de éste en los actos salvadores de YHVH en el tiempo y el espacio, no es un pueblo nacido en los cuentos de la creación. Éstos llegaron, probable y bellamente, en una etapa posterior.

El credo, por así decirlo, de la fe bíblica, comienza con la peculiar insistencia de YHVH en hacer cosas justas. El salmo noventa y nueve llega a nombrarlo ‘el que ama la justicia’:

Rey poderoso, que amas la justicia:
tú has establecido la equidad
y has actuado en Jacob con justicia y rectitud. (Salmo 99:4 NVI)

Salmo 99:4 (NVI)

No se trata de imágenes religiosas sueltas que fluyen por el camino de la menor resistencia, inventando palabras cantables con sólo un mínimo de reflexión que las mantiene en su sitio mientras suena la música.

Se trata de una insistencia arraigada, madura y decidida de que YHVH está involucrado en el mundo que nos hace, deshace, destruye o perfecciona, y que, por así decirlo, cuando se arremanga en este lugar nuestro, camina del lado de los ángeles.

El salmo hace dos afirmaciones audaces. En primer lugar, que YHVH ama la justicia. A pesar del innegable realismo del pacto de términos como amor y odio, es probable que el salmo imagine también aquí un poco de ardor desenfrenado. Uno no suelta frases como ‘el que ama la justicia’ en un tribunal o en lenguaje jurídico.

En segundo lugar, el salmo prácticamente nos invita a contar con que YHVH actuará así en el futuro. Este amor no es una aventura pasajera. Es tan centrado a la personalidad divina como se puede.

Vivir en un mundo en el que se puede hablar del “rey poderoso” como ‘el que ama la justicia’, con todas sus implicaciones pasadas, presentes y futuras, es un tipo peculiar de aventura. Tal vez, en el lenguaje del entusiasmo, no lo cambie todo. Sin embargo, bajo esa luz todo empieza a cambiar.

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