Isaías 25.1-5 se constituye en una oda de celebración ante la victoria sobre los ‘tiranos’ y los ‘crueles’ de la tierra que YHVH lleva a cabo en defensa de los pobres e indefensos. La tradición isaíanica está convencida de lo que se podría titular ‘la ética del Éxodo’. Es decir, YHVH no es imparcial ante la tormenta que los vulnerables sufren cuando el poder se concentra en manos de unos pocos poderosos.
El agradecimiento que motiva este paisaje es patente en los versos 4 y 5:
Porque tú has sido,
en su angustia,
un baluarte para el desvalido,
un refugio para el necesitado,
un resguardo contra la tormenta,
una sombra contra el calor.
En cambio, el aliento de los crueles
es como una tormenta contra un muro,
como el calor en el desierto.
Tú aplacas el tumulto de los extranjeros,
como se aplaca el calor bajo la sombra de una nube,
y ahogas la alharaca de los tiranos.
Un libro tan realista como Isaías asume la triste realidad que los que viven sin poder van a sufrir en manos de los que lo poseen. El elemento positivo de su mensaje no consiste en que YHVH no permita que esto suceda, al contrario, la injusticia es una realidad.
La tradición que el profeta Isaías promueve insiste en que YHVH considera semejante injusticia como motivo de guerra y que en consecuencia, él sale a pelear a favor de los que en un momento dado se convertirán en sus rescatados, sus redimidos, sus agradecidos.
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