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Posts Tagged ‘1 Samuel 8’

La centralización del poder es más fácil de lograr que de deshacer.

La narrativa bíblica, fruto de una época histórica en la que los reyes eran habitualmente elevados a la categoría de semidioses, muestra sentimientos contraculturales y poderosamente contradictorios sobre la atracción magnética del poder hacia el centro político.

El profeta Samuel intenta en vano persuadir a la confederación tribal de Israel de que las aparentes ventajas de la monarquía no compensan su costo.

Entonces Samuel habló todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido rey. Y dijo: Así será el proceder del rey que reinará sobre vosotros: tomará a vuestros hijos, los pondrá a su servicio en sus carros y entre su gente de a caballo, y correrán delante de sus carros. Nombrará para su servicio comandantes de mil y de cincuenta, y a otros para labrar sus campos y recoger sus cosechas, y hacer sus armas de guerra y pertrechos para sus carros. Tomará también a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará lo mejor de vuestros campos, de vuestros viñedos y de vuestros olivares y los dará a sus siervos.De vuestro grano y de vuestras viñas tomará el diezmo, para darlo a sus oficiales y a sus siervos. Tomará también vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes y vuestros asnos, y los usará para su servicio. De vuestros rebaños tomará el diezmo, y vosotros mismos vendréis a ser sus siervos. Ese día clamaréis por causa de vuestro rey a quien escogisteis para vosotros, pero el Señor no os responderá en ese día. (1 Samuel 8:10-18 LBLA)

Por desgracia, la monarquía tenía para estos israelitas una lógica evidente y un atractivo bastante fuerte como para resistirse. Además, todas las demás naciones tienen reyes y es difícil ser diferente.

¿Por qué nadar contra la corriente?

¿Por qué, en efecto, cuando podemos ser cuidados cómodamente, que nos digan qué pensar y cuándo, y que nos atiendan en nuestra debilidad? ¿Qué hay de malo en ello?

Entonces, un día, vemos a nuestros hijos —con rostros demasiado jóvenes para una mirada tan dura y cansada— corriendo y tropezando ante su carroza. «¡Salve, rey!», dicen al unísono. Fácil de hacer, imposible de deshacer.

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