Durante el transcurso de este mes, un libro sobre el texto hebreo del Antiguo Testamento ha ocupado el primer lugar de la lista de los libros más vendidos en Gran Bretania. El éxito extraordinario de El Código Bíblico, por Michael Drosnin, requiere una explicación.
Según este libro, la Biblia predijo los asesinatos de Yitsaq Rabín y de Robert Kennedy, las bombas puestas en autobuses en Jerusalén el año pasado, el atentado de McVeigh in Oklahoma, la Guerra del Golfo Pérsico, la Tercera Guerra Mundial, terremotos en California, Japón y la China y el final del mundo mediante un holocausto nuclear en 2000 o 2006.
Primero, debo explicar que es esta última predicción que ha convertido este libro en un best-seller. Es un símptoma de la fiebre milenaria, es decir, del temor generalizado de que un evento cataclísmico ocurra al inicio del nuevo milenio. Estas predicciones alarmantes se fortalecen con impresionantes demostraciones del texto hebreo y de las estadísticas, las que son capaces de asustar al novato. Todo aparenta ser erudito y científico. ¿Pero es así?
Primero, debo explicar la forma en que Drosnin avanza hacia sus conclusiones interesantes. Cuando leemos un texto, normalmente leemos las letras consecutivamente. Por ejemplo, cuando leemos, ‘Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas’, iniciamos con la letra V, luego las letras E, R, D, et cétera.
Pero su uno fuera excéntrico, uno podría leer cada segunda letra (V, R, E, etc.) o cada tercera letra (V, D, U, etc.). La mayor parte de estas formas de leer no van a producir nada entendible, pero la práctica de leer cada tercera letra sí produce una palabra que uno podría decir estaba escondida en el texto. Uno podría leer el primer versículo de la Biblia en inglés ‘In the beginning God created the heavens and the earth, contar cada quinta letra, y afirmar que uno había descubierto que la palabra ‘Noah’ (Noé) estaba escondida en él.
Ahora Drosnin ha aplicado el proceso a los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, realizándolo muchas veces. No es sencillamente que él haya contado cada tercera o quinta letra, sino que ha calculado todos los intervalos posibles hasta cada letra no. 40.000. También ha buscado palabras que se escriban al revés. De esta manera, Drosnin ha creado un texto 80.000 veces más largo que el original. Los primeros cinco libros de la Biblia contemplan 300.000 letras. En consecuencia, el texto de Drosnin contiene 24 millones de millones de letras.
Luego, Drosnin pensó en varias palabras o nombres y le pidió a su computadora encontrarlos en su texto expandido, nombres como Rabin, Clinton, Kennedy y Shakespeare. ¡Supongo que hubiera sido posible buscar los nombres de Gordon Wenham o Tony Blair, si él hubiera tenido interés en nosotros! Con suerte—y si el nombre no es muy largo—hay buenas posibilidades de encontrarlo. Drosnin también le pidió a su computadora, buscar palabras como ‘guerra mundial’, ‘terremoto’, y ‘holocausto atómico’.
¿Pero cómo Drosnin convierte estos nombres y lugares en predicciones? Suponga que poniendo en orden cada letra número 3.001, él descubre el apellido de Clinton. Luego, he transcribe la parte de la Biblia que tiene ese apellido, en filas de 30.001 letras. ‘Clinton’ ahora aparece como una columna vertical de letras, en alguna parte de esta tabla. Ahora, Drosnin analiza las letras que quedan cerca del apellido de Clinton.
¿Puede ver alguna palabra que sea pertinente a la persona de Clinton? Puede que aparezca de forma horizontal, vertical, diagonal, abajo hacia arriba, o al orden inverso, y puede ser que hay espacios entre diversas letras. Se presume que Drosnin buscara todo tipo de palabra que tenga que ver con Clinton; por ejemplo, ‘Bill’, ‘Hillary’, ‘USA’, ‘presidente’. De estas, la que encontró fue esta última. Esto no es gran cosa, pues la palabra que significa ‘lider tribal’ occure 69 veces en el Pentateuco, y es la palabra que se usa para decir ‘presidente’ en el hebreo moderno.
Es facil descubrir palabras mediante este tipo de búsqueda, porque las líneas horizontales de las tables que Drosnin construye son copiadas directamente de la Biblia Hebrea. Es más, hay otra característica del idioma hebreo que facilita el ‘descubrimiento’ de palabras en un texto hebreo: muchas palabras hebreas consisten en tan solo tres consonantes, y esto sin vocales. Se anticipa que el lector pueda suplir las vocales de su propia cuenta, por medio de su conocimiento del idioma.
Si hiciéramos lo mismo en inglés con las letras ‘b’ y ‘d’, podríamos leerlas en por lo menos diez formas distintas; por ejemplo, ‘bad’ (malo), ‘bed’ (cama), ‘bid’ (licitar), ‘bod’ (cuerpo), ‘bud” (brote), ‘abide’ (morar), ‘abode’ (morada), ‘abed’ (acostado), ‘body’ (cuerpo), ‘bead’ (abalorio). Drosnin también busca palabras escritas al revés, así que ‘dab’ (brochazo) y ‘deb’ (debutante) entrarían entre las posibilidades.
Tal y como el latín, el hebreo utiliza letras para escribir los números. MCM en latín significa 1900, MCMXX es 1920, y así a continuación. Drosnin busca palabras como ‘terremoto’ y ‘guerra mundia’, y luego procede a ver si puede descubrir una combinación de letras que quede cerca que podría representar una fecha. Conforme a este procemiento, Drosnin afirma que la Biblia predice terremotos en los años 1905 o 2006. Dada el texto imenso que él está escudriñando, no sorprende que a veces descubra unas palabras interesantes que aparecen cerca de combinaciones de letras que podrían ser interpretadas como fechas. Pero me gustaría analizar esta metodología un poco más.
Primero, se es ridículo buscar palabras hebreas modernas en un texto hebreo antiguo. Palabras como ‘atómico’ no ocurren en la Biblia, y palabras que significan ‘presidente’ o ‘holocausto’ en hebreo moderno tienen significados diferentes en la Biblia. La teoría de Drosnin implica que nadie que no sea un israelí del siglo veinte puede entender las predicciones de la Biblia.
Segundo, Drosnin relaciona los nombres y eventos que aparecen en sus columnas verticales con fechas o información, de manera arbitraria. A veces, los datos que él cita quedan cerca de los nombres o eventos con los cuales él los relaciona. En otras ocasiones, la distancia es grande.
Tercero, Drosnin ha creado un texto imenso. En consecuencia, cualquier palabra de siete letras tiene la probabilidad de aparecer por lo menos diez veces al azar. Palabras más largas ocurrirán con menos frecuencia; las más cortas aparecerán con más frecuencia.
Cuarto, el autor utiliza un texto moderno de la Biblia Hebrea, cuyo deletreo seguramente difiere del original. Si se procurara fundamentar sus cálculos en un deletreo más arcáico, los ‘descubrimientos’ desparecerían. Es más, algunas personas han tratado de replicar sus cálculos, y han concluído que los nombres que Drosnin descrubre aparecen solamene si uno utiliza espacios variables entre las letras.
Quinto, este método sólo funciona para buscar nombres y eventos que uno ya conoce. No se puede usar para descrubir el nombre del próximo presidente de los Estados Unidos ni el próximo Primer Ministro de Israel, hasta que uno conozca los nombres de los candidatos. Después, uno puede pedir que la computadora busque los nombres en el texto para ver si hay fechas o eventos interesantes cerca del lugar donde aparecen los mencionados nombres.
Sexto, cuando Drosnin procuró realizar una predicción, el método no sirvió. Cerca de las palabras ‘holocausto atómico’, él descubrió la fecha ‘1996, el lugar ‘Pisgah’ (donde murió Moisés) y verticalmente de abajo hacia arriba una combinación de letras que él entendió como ‘artillero de Libia’. Si se cree lo que Drosnin reporta, él persuadió al ejército israelí a buscar un soldado de Libia que llevaba una bomba atómica en la parte norteña de la zona del Mar Muerto. Para nuestra gran sorpresa, no lo encontraron.
Finalmente, a veces Drosin interpreta la Biblia literalmente en ocasiones cuando esto no es la intención. Hablando de la caída de Jerusalén, Jesús dice, ‘el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz y las estrellas caereán de los cielos.’ Lectores como Drosnin tienden suponer que esta declaración describe el final del mundo. Pero si hubieran leído el Antiguo Testamento con más cuidado, entenderían que Jesús pidió prestadas estas palabras del oráculo donde el profeta Isaías predice la caída de Babilonia. Ambas ciudades (Jerusalén y Babilonia) eran muy importantes en su tiempo; en consecuencia, el hecho de describir su destrucción en estos términos lúgubres enfatiza el significado universal de los eventos.
En resumen, El Código Bíblico es inutil. No es necesario tomarlo en serio. ¿Pero, qué podemos decir respecto a lo que los cristianos debemos afirmar acerca del futuro, especialmente en conversación con los que sufren de una fiebre milenaria?
Primero, vivimos en los últimos días de la historia humana. Según el Nuevo Testamento, los ‘últimos días’ iniciaron en la primera venida de Cristo y llegarán a su conclusión en su segunda venida. Pero no sabemos cuando este evento ocurrirá. La Bíblica habla enfaticamente al respecto. Jesús mismo dijo, ‘Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.’ (Mateo 24.36). Estos últimos días han durando más de 2.000 años. Es posible que continúen dos mil años más, o que concluyan mañana. Nosotros no sabemos. Jesús dice que su día vendrán como un ladrón en la noche, cayendo de sorpresa en este mundo.
Segundo, el futuro descansa en las manos del Señor. Por lo tanto, no nos toca sufrir ansiedad al respecto. No hay por que perturbarse por razón de los falsos profetas, como Drosinin. El libro más extraño de la Biblia es el último. Está lleno de cuadros espantosos como tazones llenos de la ira divina, plagas, batallas, dragones, lagos de fuego, estrellas fugaces, y cosas por el estilo. Si interpretas estas imágenes literalmente, caerás en la histeria. Pero no existen para ser leídas de manera literal. Al contrario, esta literatura nos asegura que Cristo triunfará y realizará su perfecto reino de paz y justicia, vengan las calamidades que hayan sobre nosotros, sobre la iglesia, y sobre el mundo. Cuando él viene, los problemas del mundo acabará. Por esto el libro del Apocalipsis concluye mediante una oración: ‘¡Ven, Señor Jesús!’
Por otro lado, si gozamos de buena salud y estamos disfrutando la vida, será más dificil orar así. Imaginamos que la venida de Cristo abreviará nuestro disfrute de esta vida. Pero la Biblia afirma que no nuestra satisfacción no será cortado, sino realizada de manera tremenda.
Recientemente vi un anuncio diseminado por la agencia en mi país que atiende a personas que sufren de diabetes. Proclamaba:
¡No más pruebas de sangre! ¡No más agujas! ¡No más restricciones sobre lo que comes! ¡Imagina el futuro! ¡Imagina la cura!
La Biblia promete más que una cura del diabetes. Ella promete:
No más delincuencia … no más terrorismo … no más guerras … no más genocidia.
No más enfermedad del corazón … no más cancer … no más artritis … no más sufrimiento … no más muerte … no más angustia.
No más enojo … no más codicia … no más eslavitud a hábitos no salubres … no más pecado.
No más injusticia … no más explotación … no más odio.
La Biblia dice: ‘Imagina el futuro. Imagina la venida de Cristo.
Por esto Jesús nos enseñó a orar así: Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra, tal como en los cielos. Por lo mismo, los primeros cristianos oraron: Maranata, ven Señor Jesús.
Quizás debemos hacer lo mismo.
BUENAS!!! Recien hoy acabo de leer esto,me parece muy interesante…que bueno que allan Teólogos como tú que no temen desenmascarar a los falsos “PROFETAS”,esto me recuerda a “El Código Davinci” de Dan Brown,que si bien es una novela de ficción creo que contiene afirmaciones que confundieron y trastornaron la fé de muchas personas en el verdadero JESUS de la biblia.Agradesco por la vida de personas como el erudito JOSH McDOWELL que escribio un libro sobresaliente llamado:”A QUEST FOR ANSWERS THE DA VINCI CODE”.Saludos de URUGUAY!!! Angelo.