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The 150 biblical psalms go out with a bang. The fireworks of doxology grow loudest just before we fold up our lawn chairs and head for our cars. The penultimate psalm urges the faithful to populate Israel’s public spaces with the kinds of shouting, dancing, and musical bombast that invigorate a people and cause YHWH to gaze upon his own with a satisfied smile:

Praise the LORD! Sing to the LORD a new song, his praise in the assembly of the godly! Let Israel be glad in his Maker; let the children of Zion rejoice in their King! Let them praise his name with dancing, making melody to him with tambourine and lyre! For the LORD takes pleasure in his people; he adorns the humble with salvation. (ESV)

Yet in an exquisite touch Israel’s loud gratitude overflows as well into solitude, where quiet ordinarily prevails.

Let the godly exult in glory; let them sing for joy on their beds.

Perhaps praise comes into its most genuine moment when it echoes past closing time. Back at home, the curtains drawn for the night, the coffeemaker prepped for the morning, the dog in his bed, the godly in their pajamas find one last reason at day’s end to sing as the lights go out. Even when no one is watching, this grateful couple, that old man tucking himself in, can’t stop singing.

«Decir que pagaron para ver a 22 mercenarios dar patadas a un balón es como decir que un violín es madera y tripa, y Hamlet, papel y tinta».

—John Boynton Priestley, escritor británico

 

«¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes…»

Esta es la conclusión de Eduardo Galeano en su libro El Fútbol a sol y sombra y otros escritos.

Las palabras de este escritor uruguayo abren otras venas de cómo se percibe este deporte en nuestra sociedad contemporánea. Y no es para menos; el fútbol es más que el simple encuentro de dos equipos rivales que buscan marcar goles. Continue Reading »

The Bible’s Old Testament argues for what we today call ‘monotheism’ by asking a question.

‘Who is like him?’ and ‘Who is like you?’ are the rhetorical thrusts that celebrate YHWH’s uniqueness or, more precisely, his incomparability?

They are foundational questions and, so they generate corollary questions that dive more deeply into the reality they are seeking to define:

For who in the skies can be compared to the LORD? Who among the heavenly beings is like the LORD, a God greatly to be feared in the council of the holy ones, and awesome above all who are around him? (Psalm 89:6–7 ESV)

Often, as in Psalm 89, YHWH’s incomparability is seen in his faithfulness. We might say, at risk of reducing a large quality to one of its smaller constituent parts, his reliability.

As here in this psalmic celebration of YHWH’s promises of David, so elsewhere and in other times YHWH can be counted on to do as he has said he will do. No other being anywhere, we are told—indeed we learn to proclaim the fact, even if via the enigmatic phrasing of a rhetorical question—is so faithful to be the person he has declared himself to be.

We are warned that we will learn YHWH’s faithfulness in violence and in chaos:

You rule the swelling of the sea; when its waves surge, You still them. You crushed Rahab; he was like a corpse; with Your powerful arm You scattered Your enemies. (Psalm 89:10–11 JPS)

The events leading up to Easter must sorely have tested Jesus’ knowledge of his God. Surely, the seas had now swelled beyond containment, surely wave would now surge where wave would surge.

Without limit. Without mercy. With no reliable promise that evil’s tsunami would ever recede or, if recede, leave anything but death and debris where a couple had celebrated 38 years or a child’s laughter had recently rung out.

Surely YHWH, like all others before and after, could be taken. For a price. By a greater power. Or because violence does as ruination will have it do, leaving the gods as pathetic bystanders whom we should never have trusted in the first place.

Then Easter. He is risen.

The awfullest waves, stilled and put back. Chaos, in its finest moment, crushed.

Miy camoka? Who is like you?

 

 

¿Qué significa cumplir setenta años?

Fundación Universitaria del

Seminario Bíblico de Colombia

Celebración del septuagésimo aniversario

28 marzo 2014

 

 

¡Feliz cumpleaños!

 

Espero que todos se sientan satisfechos, orgullosos, y alegres en una ocasión tan digna de celebrarse como la que nos convoca en esta tarde hermosa en Medellín.

Ante la invitación de poner mi grano de arena en esta gran celebración, me siento agradecido. Aunque contar los años me hace sentir un poco viejo, he sido admirador del SBC (Seminario Bíblico de Colombia) y, luego, de la FUSBC (Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia) por la tercera parte de esos setenta años de bendición y desafío que celebramos hoy. Continue Reading »

Jesús se caracterizó por su dureza al tratar con el liderazgo religioso de su tiempo. En cambio, con sus seguidores y con el pueblo fue un pastor compasivo y tierno. Aunque hubo ocasiones en las que también fue enérgico, sobre todo con aquellos que actuaban al calor de las emociones. Por ejemplo, ante el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, sus seguidores reaccionaron de forma sensacionalista con el deseo de entronizarlo. El Señor les iba a mostrar qué clase de reinado buscaba establecer, más allá de las  pretensiones asistencialistas y políticas que demandaban esos seguidores.

En este contexto Jesús les increpa y los oyentes reaccionan a sus palabras: ¿Qué es lo que Dios quiere que hagamos? La dialéctica de Jesús es simple, sencilla y diáfana,  pero profunda, así como su respuesta:

“…crean en mí, que soy a quien él (Padre) envió.”

Esta era una invitación abierta al Reino, la oportunidad de saciar en Jesús el hambre espiritual y heredar las promesas del Reino prometido por siglos.

Sin embargo, los judíos tropezaron. Su escepticismo fue mayor que su fe. ¿Acaso no era una blasfemia para la enseñanza y la teología tradicional atribuirse cualidades divinas? ¿No era Jesús tan solo el hijo de José el carpintero y de María? ¿Cómo se atrevía a decir que era “el pan que descendió del cielo”, entre otras afirmaciones?  Quizás por ello respondieron: “Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla?”

Pero, más duros fueron sus corazones cubiertos de arrogancia y necedad. Ellos no lograron comprender que aquél que hablaba era el Cristo, el Mesías esperado  por todos los tiempos, el “verdadero pan que descendió del cielo”. Y aquellos que pocas horas antes querían proclamarle rey, “volvieron atrás” y “ya no andaban con él”.

¿A Jesús le causó consternación esta actitud de abandono? ¿Era acaso el fin de su ministerio?  Todo lo contrario, y para no dejar dudas se dirige a los suyos,  los más cercanos, sus discípulos, y les lanza una pregunta:

“¿También ustedes quieren irse?”

Ante el silencio de los otros evangelios y a falta de más información por parte del apóstol Juan, autor del texto, no es fácil conocer el tono y las emociones con las que Jesús se expresó. ¿Eran reflexivas o por el contrario, enérgicas? ¿Se sentía decepcionado, triste o iracundo? Lo cierto es que ninguna de esas cuestiones debilita la fuerza y la radicalidad de su pregunta. Aunque a pesar de todo, con Jesús siempre hay opciones: se le sigue o no se le sigue. La decisión es personal, aunque los términos del seguimiento es él quien los define.

Pedro responde… Pedro es la viva voz de los que se quedaron al margen (el seguimiento no es solo una decisión individual, es un acto comunitario).  Pedro también es libre para escoger y a pesar de no comprender exactamente las exigencias,  o el precio del seguimiento – hasta más adelante- aun así escoge a Jesús. Elige lo que para él es su libertad:

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

Seguirle no significa ausencia de error, desánimo o falta de fe.  La invitación es asumir un compromiso y, en ocasiones, caminar sin saber si hay un suelo seguro que nos sostenga.

Seguirle es más que el abrazo del dogma, la teología o la religión. Se abraza la vida que se va descubriendo en él, por él y para él.

Seguirle es un acto de obediencia y esperanza, porque sin importar los momentos de escasez o de abundancia, de esperanza o desesperanza, las largas vigilias que empañan nuestra óptica de la vida, de las cosas y hasta del mismo Dios, estamos dispuestos a continuar en la espera de nuevas alboradas que traigan luz a nuestros horizontes.

Esto y más es más, es la locura del seguimiento, que solo y solamente se entiende  cuando somos confrontados por Cristo y nos coloca -así como a Pedro- en el estrecho, desprovistos hasta de nuestra autosuficiencia para ofrecerle nuestra dependencia: “¿A quién iremos Señor?”

La pregunta continúa abierta… ¿También nosotros queremos irnos?  ¿Qué define lo que buscamos en Jesús?  ¿Por qué y para qué le seguimos? Las interrogaciones no son sólo un ejercicio que apela a la retórica, son una llamada a examinar nuestras vidas y nuestras acciones, y a reflexionar en nuestro peregrinaje desde la cotidianidad de la vida en el seguimiento del Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Noise is inarticulate sound. It expresses little or nothing. It does not mean.

I’m reminded of an elementary school memory. A music teacher, bent on helping us distinguish noise from music, asked us for examples of each. It was, at best, a naive errand, a tilting at windmills. We were, after all, nine years old and half of us were boys. Continue Reading »

Paul, anguished and ashamed about portions of his biography, is hardly timid about others.

Be imitators of me, as I am of Christ.

Lest we take the familiar path of dismissing Paul as uncouth and reptilian, it’s a good thing to notice how closely he links his worthiness to Christ and the ‘traditions’ about Jesus that he stewards for the sake of the communities he loves. Continue Reading »

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